Kenkō Hōshi (vulgarmente Urabe Kaneyoshi)

Nació en 1283 y murió en 1350 en Tai, localidad de la provincia de Iga, al pie del monte Kunimi (actual prefectura de Mié). Famoso escritor japonés, perteneció a la familia de los Urabe, que se consideraban descendientes de Ame-no-Koyane, una de las principales divinidades del sintoísmo, y vinculados, por tradición, al culto sintoísta. Su padre, Urabe Kaneaki, había tenido tres hijos, el último de los cuales fue Kenkō Hōshi , y otro de ellos el bonzo Jihen, autor de una obra muy difundida, titulada Notas suscep­tibles de calmar el viento divino [Shinpū- viaki], en la que intentó justificar, con un criterio sintoísta, la aparición del budismo en el territorio japonés.

Cuando joven, Kenkō Hōshi  fue «takiguchi» (guardia palatino), y luego, bajo los emperadores Go Nijō (1301-08) y Hanazono (1308-18), uno de los chambelanes del sexto grado jerárquico que servían la comida al soberano por la mañana y por la noche y ejercían, además, otras funcio­nes; así, Kenkō Hōshi , desempeñó el cargo de sub­teniente de la guardia imperial de la iz­quierda («sahyōe no jō»). A la muerte del ex emperador Go Uda, su protector, ocu­rrida en 1324, lleno de un profundo pesar, cuarentón, soltero y sin afectos ni vínculos familiares, rapóse la cabeza y se hizo monje budista; asumió entonces el nombre de Kenkō. Luego tuvo lugar la agitación de la era Genkō (1331-33), durante la cual el emperador Go Daigo (1318-39) logró adue­ñarse del poder deshaciéndose de los Hōjō. Para eludir los horrores de la guerra, Kenkō Hōshi  se refugió entonces en los montes de Kiso, en los alrededores de Misaka; después, a través de las provincias orientales, regresó a Kyoto y fue a vivir en la soledad de una cabaña situada sobre la colina de Narabi, no lejos del Ninnaji, famoso templo budista.

En los últimos años de su vida se trasladó, finalmente, a la localidad de Tai, donde mu­rió. Espíritu curioso, K. estudió la Filosofía y la Literatura chinas, el budismo y el sintoísmo, y alcanzó gran competencia como conocedor de las instituciones antiguas; des­tacó, empero, sobre todo, como buen poeta, de suerte que llegó a figurar, con Ton-a (1289-1372), Kyō-un y Jōben (murió 1356), entre los «waka shi-tennō» (los cuatro ge­nios poéticos) de la época. De él poseemos una colección de poesías personales; pero su fama se halla vinculada particularmente al Tsure-Zure-Gusa (v.). De este autor, en cuanto hombre, han llegado hasta nos­otros las más diversas afirmaciones. Según algunos, debió de ser un bonzo corrompido, cínico y libertino; otros, en cambio, le creen un fiel paladín de la dinastía legítima del Sur.

M. Muccioli