Nació en Zagen en agosto de 1690 y murió en Rodosto el 2 de octubre de 1761; es el más fino prosista húngaro de la primera mitad del siglo XVIII. De distinguida familia transilvana, entró a los diecisiete años al servicio del príncipe Francisco Rakoczi y, tras la humillante paz de 1711, que puso fin a la guerra de independencia dirigida por éste último, acompañó a su señor en su voluntario exilio. Como paje del príncipe vivió muchos años en París, donde se encontraba en aquel tiempo en toda su plenitud la vida cortesana y la moda de los salones literarios. El gusto de la conversación elegante, que fue elevado a la condición de verdadero arte por muchos espíritus brillantes, se convirtió en el ideal literario de Mikes durante toda su vida.
En la soledad de su destierro en Turquía, sus lecturas preferidas eran antologías, epistolarios, memorias, descripciones de viajes de autores franceses, y sobre estos modelos se puso a escribir cartas a una persona imaginaria (v. Cartas de Turquía). Su suave e ingenua personalidad, la delicadeza con que alterna sobrias descripciones, agradables relatos y animadas chanzas, y la atracción singular de determinadas palabras y expresiones originales, impresionan todavía al lector moderno. Las más bellas exquisiteces de la antigua prosa húngara aparecen en este epistolario compuesto entre 1717 y 1758, y ha constituido un grave daño para la literatura magiar que haya quedado ignorado durante’ largo tiempo (hasta 1794). También quedaron manuscritas numerosas traducciones del francés y un arreglo de Les joumées amasantes de Madeleine Gomez-Poisson. último de los desterrados húngaros de Rodosto, Mikes murió víctima de la peste.
E. Vàrady

