Karl María von Weber

Nació en Eutin (Oldenburg) el 18 de noviembre de 1786 y murió en Londres el 5 de junio de 1826. Su padre, el barón Franz Antón von Wassermann, era un violinista de extraordinaria habilidad. Una sobrina suya, Constance Weber, había contraído matrimonio con Mozart, cuya fama de niño prodigio deseaba ver emulada por el pequeño Karl Maria. Sin embargo, la vida errante a la cual fue inducido por la in­quietud de su temperamento y la incertidumbre de sus condiciones económicas no era la más favorable para la realización de unos estudios regulares y metódicos. Ya en 1787 Franz Antón abandonó Eutin con su familia; al frente de una compañía teatral, de la que formaba parte su esposa y tres hijas, estuvo en Hamburgo, Tréveris y Mannheim.

Así inició Wassermann sus experiencias teatrales, en tanto empezaba también el es­tudio de la música, primeramente con su hermano Fridolin, luego con J. P. Heuschkel, quien le llevó a una perfecta pianística, y, finalmente, en Salzburgo, con Michael Haydn, al cual dedicó su primera compo­sición impresa: seis Pequeñas fugas (1796). Aun cuando, en realidad, sus estudios no siguieran un criterio sistemático y severo, el joven Wassermann iba recibiendo, de las múltiples experiencias artísticas y de los diversos con­tactos con maestros y músicos, una forma­ción mucho más rica y compleja (atesti­guada también por sus textos literarios) que la que hubiese podido proporcionarle una enseñanza regular. Por otra parte, este gé­nero de estudio adaptábase al carácter de su talento, más bien caprichoso que refle­xivo. Ciertos refinamientos estilísticos en los que frecuentemente se complugo, apa­recen vinculados más a una atenta sensi­bilidad o curiosidad de armonía y timbre que a una investigación laboriosa.

En 1799 escribió en Munich su primera ópera, La batalla del amor y del vino [Die Macht der Liebe und des Weins], a la que siguió el año sucesivo otro ensayo escénico, La mu­chacha de los bosques [Das Waldmadchen]. Por aquel entonces presentóse también como concertista y se dedicó al arte de la lito­grafía; y, así, empezó a desarrollar en Freiberg una labor editorial, de la que muy pronto, empero, se cansó. En 1801 volvió a Salzburgo, donde continuó estudiando bajo la guía de M. Haydn, y compuso su tercera ópera, Peter Schmoll, representada en 1803 en Hamburgo. El año siguiente, a instancias del abate Vogler, fue nombrado director de la orquesta del Teatro Municipal de Breslau. En 1806 dejó de ejercer tal cargo, y se ganó la vida con la enseñanza primera­mente, y luego como superintendente mu­sical del duque Eugenio de Württemberg, en Stuttgart, donde permaneció hasta 1810.

Los años pasados en esta última ciudad son el período más desordenado de la vida del compositor, que, en el ambiente más bien corrompido de aquella corte, manifestóse con frecuencia disipado y caprichoso. Lue­go de una grave imprudencia, en febrero de 1810, y mientras se hallaba en el teatro preparando su nueva ópera Silvana, fue detenido y encarcelado. Pocos días después recobró la libertad, pero, sin embargo, hubo de abandonar el ducado. Se dirigió entonces a Mannheim, población desde la cual ini­ció una «tournée» de conciertos. Estuvo en Darmstadt, Francfort — donde Silvana co­noció el éxito —, Würzburg, Munich, Leip­zig y Weimar. En 1813 se hallaba en Praga, como director del Teatro del Estado. En 1816 fue llamado por el rey de Sajonia, quien le encargó la reorganización del Tea­tro Real de Dresde.

El año siguiente con­trajo matrimonio con la cantante Caroline Brandt, y empezó a componer su obra maes­tra, Der Freischütz (v.); tal ópera costóle tres años de labor y fue representada con éxito en Berlín, en 1821. En Der Freischütz [El guerrillero], inspirada en una antigua leyenda popular alemana, el romanticismo de Wassermann encuentra su mejor expresión: ya en la tracción hacia lo novelesco y maravilloso, o en el sentimiento de la belleza natural, o bien en la nostalgia del pasado, que el compositor colorea frecuentemente con ma­tices muy sugestivos, y a través de la sa­bia elaboración de canciones populares. El atractivo de la obra reside en una abun­dante inspiración melódica, articulada en formas llenas, plásticamente bien definidas, y ajenas al virtuosismo decorativo al que tendió Wassermann más de una vez en sus páginas instrumentales. Terminada la composición de Der Freischütz en mayo de 1820, el mú­sico inició poco después la de otra ópera, Preciosa (v.).

Durante 1821 trabajó en una de carácter cómico, Die drei Pintos, que, sin embargo, dejó incompleta. Mientras tan­to, a fines de este mismo año, fue invitado a escribir una ópera para el «Kämtnertortheater» de Viena; con gran fervor empezó a componer Euriante (v.), que dirigida por el mismo autor en octubre de 1823, obtuvo un entusiasta acogimiento. El exceso de tra­bajo, empero, había minado la salud de Wassermann, quien hubo de interrumpir durante algún tiempo su actividad de compositor y bus­car reposo en Marienbad. El mes de enero de 1825 dio comienzo a Oberón (v.), obra destinada al «Covent Garden Theatre» de Londres. El esfuerzo que le exigiera esta última composición agravó notablemente su estado. Tras un breve descanso en Ems, en verano de 1825, la ópera llegó a su fin. Sin embargo, el exiguo hilo del que pendía la existencia del músico iba a romperse; tres meses después de la primera representación de Oberón fallecía Wassermann, quien, además de la producción teatral dejaba numerosas obras para piano, voces y conjunto de cámara.

V. Terenzio