Karl Jaspers

Nació en Oldenburg el 23 de febrero de 1883, viviendo actualmente en Suiza. Estudiante de Leyes al principio (1901), tras un largo viaje a Italia (1902) resolvió graduarse en Medicina. Durante los años de colegio había leído a Spinoza, de quien aprendió la prudencia intelectual. En 1908 estudió las obras de Husserl, y em­pleó su fenomenología (v.) para la descrip­ción de las experiencias psicopáticas; aun cuando quedara desilusionado de éste en cuanto filósofo (dijo que transformaba la filosofía en ciencia), admiraba mucho su método, su rigor intelectual y la superación del «psicologismo que tiende a resolver todos los problemas mediante un determinismo psíquico». Desde el principio de su carrera de médico, J., bajo la dirección del gran psiquiatra y anatomista del cerebro Nissl, se interesó por las enfermedades mentales, y en 1913 publicó su Psicopatología general [Allgemeine Psychopathologie], que le valió una cátedra de patología en Heidelberg.

Aquel mismo año, el joven mé­dico descubría a Kierkegaard, quien llevóle definitivamente «a la filosofía como pensamiento consciente y metódico, que descansa únicamente sobre sí mismo». Es curioso comprobar que este pensador, junto con Heidegger (v.), el filósofo existencialista alemán más ilustre, hizo suya, de Kierke­gaard, sobre todo una lección de «probidad» y «seriedad»; para él, empero, «ni la teología ni la filosofía pueden fundamentarse en Kierkegaard». La guerra de 1914 (tras la cual «la filosofía, con toda su gravedad, se hacía todavía más importante de lo que fuera»), y, singularmente, la muerte de su maestro, el sociólogo Max Weber, a quien conociera en 1909, indujeron a J. a aceptar, en 1921, la cátedra de filosofía. En 1919 había publicado la segunda de sus obras sistemáticas, Psicología de las concepciones del mundo [Psychologie der Weltanschauungen], que entonces consideró «una obra juvenil muy presuntuosa»; contenía «una filosofía disimulada y que confundía sus conclusiones, erróneamente, con las com­probaciones de una psicología objetiva». Y, así, empezó a establecer una filosofía no ciencia ni teoría del conocimiento, y que, por el contrario, resultado «del shock ocasio­nado por la misma vida», sea una «práctica» para «llegar al ser».

Partiendo, pues, de una aclaración psicológica de la existencia, J. consigue una introducción metafísica y lógi­ca en la trascendencia, respecto de la cual reconoce que la filosofía no puede ofrecer «ningún conocimiento positivo semejante al de carácter científico», y ello aun cuando rechace «la garantía de una revelación», incluso la del Dios cristiano al cual adora. Para él, por lo tanto, la exigencia filosófica falla «en cuanto realización concreta», pero, no obstante, ofrece, «a quien sabe obedecer, el verdadero ser propio». Tales investigaciones aparecieron en 1932 en los tres tomos de Philosophie (I. Philosophische Weltorientirung. — II. Existenzerhellung. — III. Meta­physik), que llegan desde la «conciencia del carácter fenoménico de lo real» hasta la aclaración de la comprensión infinita. A tal obra siguieron otras de menor amplitud: Situación espiritual de nuestro tiempo [Geistige Situation der Zeit, 1931], La fe filosófica [Der Philosophische Glaube, 1948], Origen y sentido de la historia [Vom Urs­prung und Ziel der Geschichte, 1949], Razón y contrarrazón de nuestro tiempo [Vernunft und Widervemunft in unserer Zeit, 1950] e Introducción a la filosofía [Einführung in die Philosophie, 1953].

Jaspers prepara otras dos grandes obras: una Lógica filosófica [Philo­sophische Logik, 1947], que tiende a ser una «verificación de conciencia lógica de nuestro tiempo», y cuyo primer tomo, De la verdad [Von der Wahrheit], apareció en 1947, y una historia universal de la filo­sofía, de la que los libros Descartes und die Philosophie, donde figuran los orígenes de los modernos errores filosóficos, y Nietzsche, Introducción a la comprensión de su doc­trina filosófica [Nietzsche, Einführung in das Verständnis seines Philosophie-lehrens, 1936] son un primer esbozo. En 1938 publicó su Filosofía de la existencia, obra consti­tuida por tres conferencias dadas en Franfort. Recordemos, finalmente, la valerosa oposición de J. al nazismo, lo que, sin em­bargo, no le impidió declarar en 1945: «No soy un héroe, y no quiero pasar por tal». En 1951 dio a la imprenta, bajo el título Balance y perspectivas [Rechenschaft und Ausblick], colección de textos diversos.

A. Travers