Juana de Ibarbourou

Poetisa uru­guaya nació en Meló, departamento de Cerro Largo, en 1895. Casó a los diecinueve años con un militar. Se cuenta que hacía versos a su hijo sin más pretensiones que su satis­facción interior, pero que un día cayeron algunas de aquellas composiciones en manos del médico que atendía al pequeño, y que el médico fue quien convenció a la joven poetisa de la calidad de su obra y de la necesidad de publicarla. Lo cierto es que pocos años después de casarse comenzaron a aparecer en los periódicos los poemas de Juana Fernández de Ibarbourou, principal­mente en La Razón de Montevideo. Juana firmó algunas de las composiciones con el seudónimo Jeannette d’Ibar.

Es la supervi­viente del brillante grupo de grandes poe­tisas sudamericanas que formaron Delmira Agustini, Alfonsina Storni, Gabriela Mistral y J. de I., quizás ésta la menos intelectual y la más subjetiva e íntima de las cuatro. Su obra poética está estudiada en el artículo Poesías de Ibarbourou (v.). Pero debemos añadir que en 1955 su obra fue premiada por el Instituto de Cultura Hispánica (Ma­drid, España), y que la ilustre lírica ha sido galardonada en 1957 con el Gran Premio de Literatura en el Uruguay. Juana Fernández, que prescindió de su apellido y utilizó el de su esposo para formar su nombre literario, ha sido merecidamente llamada «Juana de América». En prosa ha publicado un libro de lecturas para niños, titulado Epistolario (1927), un volumen de cuentos de su infan­cia, con el título Chico Cario (1944) y El cántaro fresco. En 1950 fue llevada a la presidencia de la Sociedad Uruguaya de Es­critores.

J. Sapiña