Juan Rufo

Nació en Córdoba, y vivió pro­bablemente entre los años 1547 y 1620. Fue hijo del tintorero Luis Rofos, y tuvo una juventud muy desordenada; robó a su mis­mo padre, y viose tres veces en la cárcel por aventuras galantes. En Salamanca, más bien que estudiar, pasó los días alegremente, dedicóse al juego y contrajo deudas. Por renuncia de su padre obtuvo el cargo de jurado de su ciudad natal; luego, en el cur­so de varios años, abandonólo en nueve ocasiones, y definitivamente en 1580. A causa de algunas irregularidades administrativas hubo de huir a Portugal. Posteriormente distinguióse en la lucha contra la rebelión de los moriscos (1568). Más tarde, con una comisión de cordobcomisióne a prestar home­naje al infante don Juan de Austria, quien nombróle historiador suyo; de esta suerte, Rufo le acompañó en sus viajes, y estuvo junto a él en la batalla de Lepanto.

Dedicó a su protector el poema La Austríada (1584, v.). Cambió el apellido paterno Rofos por el de Rufo. Vivió en Toledo, Sevilla, donde perteneció al círculo literario del marqués de Tarifa, Madrid y Nápoles. Agobiado pol­las deudas, durante algún tiempo trabajó en una finca de su cuñado, en la sierra de Córdoba. A la muerte de su padre, Rufo, que contaba entonces unos cuarenta y siete años, heredó la casa y la tintorería paternas. Desengañado en sus aspiraciones literarias, abandonó las Musas y volvió a Córdoba, ciudad en la cual ocupóse de sus intereses y asumió nuevamente su antiguo nombre de Juan Gutiérrez. Cuando Felipe III subió al trono, Rufo envió a la corte a su hijo Luis, de dieciséis años y ya poeta y pintor, con una carta en verso para el monarca llena de consejos referentes al buen gobierno; el joven fue bien acogido, y obtuvo luego una discreta fama como pintor (compitió en Ita­lia con Caravaggio) y escritor. El poema La Austríada, integrado por más de veinte mil versos, conoció en tres años otras tantas ediciones: las de 1584 (Madrid), 1585 (To­ledo) y 1586 (Alcalá).

Los autores contem­poráneos (Cervantes, Góngora) ensalzaron a Rufo como «nuevo Homero»; la obra en cuestión, empero, resulta de una lectura pesada, salvo en algunas animadas descrip­ciones. En 1596, en Toledo, publicó el escritor Los seiscientos apotegmas (v.), reper­torio de anécdotas y dichos ingeniosos no exentos, con frecuencia, de vivacidad y agu­deza; se trata de la primera obra del gé­nero aparecida en España. La Sociedad de Bibliófilos Españoles ha publicado una edi­ción moderna de la misma.

P. Raimondi