Juan María Gutiérrez

Escritor y polí­tico argentino n. en Buenos Aires en 1809 murió en 1878. Uno de los productos más refi­nados y contradictorios de la nacionalidad argentina. Hijo de padre español y madre porteña, estudió Derecho, buscó moldes europeos para forjar su espíritu, habló y escribió un castellano culto, en el que des­arrolló con frecuencia temas gauchos, amó apasionadamente a América e hizo gala de un antiespañolismo constante. Fue un exce­lente poeta romántico (v. Poesías de Gutié­rrez), aunque sobrio y de escasa fantasía, un buen prosista y un crítico benévolo y fecundo. Enemigo del dictador Rosas, sufrió la cárcel y el destierro, viajó por Europa y residió algún tiempo en Brasil y varios años en Chile, donde inició la antología poé­tica americana con su América Poética y fundó y dirigió la Escuela Náutica Nacional. Ministro de Gobierno con Vicente López en 1852 y de Relaciones Exteriores con Urquiza en 1854, fue nombrado por Mitre rec­tor de la Universidad en 1861.

Es uno de los fundadores de la Asociación de Mayo; fun­dador de El Nacional Argentino y director de la Revista del Río de la Plata, buena parte de sus trabajos se encuentra todavía dispersa por estas y otras publicaciones pe­riódicas. Volteriano y antiespañolista, consa­gró sus mejores esfuerzos a publicar y exal­tar la literatura hispanoamericana, en una labor editorial y crítica de extraordinario in­terés (Olmedo, Pedro de Oña, Balcarce y Echevarría, entre otros); uno de sus más trascendentes estudios es el que dedica a Juan Cruz Varela. Giusti lo considera el pa­dre de la crítica literaria argentina, juicio más acertado y justo que el de Anderson Imbert cuando afirma que «no hay gran crí­tico sin literatura». Precisamente algo muy distinto en cuanto al crítico demuestran trabajos como Estudios biográficos y crí­ticos sobre algunos poetas americanos an­teriores al siglo XIX y La Literatura de Mayo, así como el antes citado estudio de Juan Cruz Varela.

Tienen menos valor sus cuadros de costumbres, pero merece men­ción su novela corta titulada El capitán de patricios; además, no podemos olvidar que fue uno de los redactores de la Constitu­ción Nacional, sobre las Bases de Alberdi. Pese a todo lo dicho y en términos absolu­tos, la obra que posiblemente^ ofrece mayor interés de este escritor y político argentino que no quiso aceptar la correspondencia de la Real Academia Española de la Lengua se titula: Origen y desarrollo de la enseñanza pública superior en Buenos Aires. Se le deben también otros trabajos sobre geogra­fía e historia de Argentina, sobre la ciencia española en el período colonial, etc. Nuestro autor es un verdadero polígrafo argentino.

J. Sapiña