Eduardo Gutiérrez

Novelista argen­tino nació en Buenos Aires en 1853 y murió en 1900. Hijo de un periodista, se dedicó desde muy joven al periodismo y cultivó la crónica, el artículo político y el folletín sin una formación cultural adecuada. Como militar, tomó parte en las campañas de 1874 y 1880, en las filas gubernamentales. Ni por la calidad de su lenguaje, ni por su capa­cidad creadora, merece especial mención; sin embargo, no es posible olvidarlo al tra­tar de los comienzos de la novela folleti­nesca y del teatro popular rioplatenses. El periodista intuitivo de las crónicas y las impresiones políticas y literarias fue idea­lizando parajes, costumbres y tipos que a pesar de su falsedad, influyeron notable­mente en la literatura posterior. Veintitantas novelas salieron de su pluma, siendo publicadas en folletines por diversas publicaciones (La Patria Argentina, El Pueblo Argentino, La Nación Argentina, La Cró­nica y El Orden).

La más conocida de ellas se titula Juan Moreira (v.), que forma par­te de la serie de novelas gauchescas a la que también pertenece Juan Cuello; fondo histórico tienen otras, como Juan Manuel de Rosas, y otras son realmente novelas policíacas, como Hormiga Negra. Algunos títu­los más son: Juan sin patria, Pastor Luna, El Chacho y La Mazorca. Pero lo más inte­resante de esta producción novelesca con­siste en la idealización desaforada de los tipos, que se convierten de bandoleros en héroes, en aras de un culto «patriótico» al valor que adquiere pronto los caracteres del típico «anachismo», tan extendido por los países hispanoamericanos. Sin embargo, es más interesante otro aspecto de esta pro­ducción novelística: su influencia en el tea­tro popular.

El autor, a requerimiento de una empresa de circo, transformó en 1884 su Juan Moreira en una especie de pantomima con números bailables y musicales, que se representó con el actor Juan Podestá de personaje central; poco después (1886), este mismo actor convirtió la novela en drama, con todas las deformaciones que pedía el gusto popular de la época. El éxito fue grandioso y pronto fue adaptado tam­bién Juan Cuello (1890) al teatro, al favor de una moda que duró mucho tiempo. Pese a sus defectos y excesos, G. es un escritor argentino de honda raigambre nacional.

J. Sapiña