José Bartolomé Gallardo y Blanco

Erudito y crítico español. Nació en Campa­nario (Badajoz) el 13 de agosto de 1776, murió en Alcoy (Alicante) en septiembre de 1852. Hijo de humildes labradores, estudió Filosofía en Salamanca protegido por Juan María de Herrera, bibliotecario de la Uni­versidad, y por el obispo Tavira; pese a con­tar con tales mentores, estuvo muy influido en su formación por los enciclopedistas, Locke y Condillac.

En 1808, al iniciarse el levantamiento contra los franceses que habían invadido a España, se sumó a los patriotas y anduvo arengando pueblos por Extremadura. Las Cortes reunidas en Cádiz lo nombraron su bibliotecario. En 1812 im­primió su más famosa sátira política, el Diccionario crítico burlesco, del que veinte años después aún seguían publicándose edi­ciones. Esta obra era una réplica al «Dic­cionario razonado manual, para inteligencia de ciertos escritores que por equivocación han nacido en España», libro dirigido con­tra los seguidores de las ideas avanzadas que habían alcanzado gran predicamento entre los constitucionales. El Diccionario crítico burlesco fue considerado insultante para la religión y su autor encarcelado en el Castillo de Santa Catalina, si bien poco después se revisó su proceso y fue absuelto. En 1814, restablecido Femando VII en el trono, Gallardo y Blanco huyó de España junto con otros liberales; desde Lisboa pasó a Bristol, y desde allí a Londres.

En 1820, restaurado el régimen liberal, volvió a Madrid y recu­peró su antiguo cargo de bibliotecario de las Cortes. En 1823, al estallar en Sevilla el tumulto popular que obligó al gobierno provisional a embarcarse para Cádiz, perdió sus escritos literarios, filológicos y biblio­gráficos, entre ellos una Historia del teatro español y un Diccionario de la lengua cas­tellana con más de 150.000 papeletas. En 1834 fue elegido diputado por la provincia de Badajoz. Pasó sus últimos años en La Alberquilla, dehesa próxima a Toledo. Pérez Galdós lo describe en aquel lugar en uno de sus «Episodios Nacionales» (Cádiz): «Lo ve­ríais allí — dice — sepultado en una biblio­teca, donde le devoraba, como a Don Qui­jote la Caballería, la estupenda lectura de los apuntes; lo veríais encerrado semanas enteras, sin tomar otro alimento que el mo­destísimo de una diaria ración de sopas de leche.»

Liberal consecuente en lo político — fue republicano al final de su vida —, en lo literario fue un tradicionalista o, según Andrenio, un «romántico histórico». Su producción es muy extensa, si bien com­puesta en su mayor parte de folletos. Sáinz Rodríguez catalogó hasta 86 publicaciones suyas, entre las cuales abundan los opúsculos satíricos, como ya se advierte por sus pro­pios títulos: Zurribanda al Zurriago (1820- 23), Cuatro palmetazos bien plantados, por el Dómine Lucas a los gaceteros de Bayona (1830), Las letras de cambio o los merca­chifles literarios (1834), Zapatazo a zapa­tilla, y a su falso «Buscapié» un puntillazo (1851), etc. Su principal aportación a los estudios bibliográficos españoles, en los que es autoridad, lo constituye su Ensayo de una biblioteca española de libros raros y curiosos (v.), obra que se empezó a publi­car en 1863 con los materiales que Gallardo y Blanco dejó a su muerte, y de la que aparecieron cuatro volúmenes ordenados por Zarco del Valle y Sancho Rayón, los dos últimos bajo la dirección de Menéndez y Pelayo.

Esta obra, pese a haberse perdido muchas de las papeletas redactadas por su autor, está con­siderada un monumento bibliográfico excep­cional, verdadera mina de erudición de pri­mera mano. También compuso Gallardo y Blanco diversas poesías, entre ellas la famosa Blanca flor, que se cuenta entre los preludios del romanticismo en España, ya que su mismo autor, al publicarla en 1828, la subtituló, anticipándose a la moda literaria, Canción romántica.