José Agostinho de Macedo

Nació en Beja el 11 de septiembre de 1761 y murió en Pedroucos el 2 de octubre de 1831. A los diecisiete años ingresó en Lisboa en la orden de San Agustín; sin embargo, a causa de su carácter turbulento y de su conducta extravagante incurrió en las censuras de los superiores de todos los conventos en los cuales residió sucesivamente — Lisboa, Évora, Coimbra, Braga y Torres Vedras —, hasta que en 1792, al cabo de catorce años, dada la inutilidad de los castigos, encierros y traslados, fue expulsado de la institución. A pesar de ello, Macedo permaneció en el estado religioso, y adquirió, en calidad de sacer­dote secular, una buena fama de predicador. Polígrafo inquieto y de cultura enciclopé­dica, puso su pluma y su palabra de ague­rrido polemista y acérrimo defensor del absolutismo al servicio de los poderosos, quienes le obtuvieron el favor de los sobe­ranos y el nombramiento de predicador y cronista de la corte, y luego la dirección de periódicos en los cuales mantuvo polé­micas contra sus adversarios literarios y políticos hasta poco antes de su muerte.

Además de numerosos Sermones y textos filosóficos, algunos de ellos publicados póstumos (Contemplaçao, da natureza, 1801; A meditaçao, 1813; A natureza, 1846; A creaçao, 1865), tratados (A verdade, 1814; O homen, 1815; Cartas filosóficas a Attico, 1815; Demostraçao da existencia de Déos, 1816), obras de crítica literaria (Motín literario, 1811), y escritos políticos y libelos (Tripa virada, 1823; Tripa por urna vez, 1823; Car­tas, 1827; A besta esfolada, 1828-31, etc.), compuso también varios poemas de notable extensión — Gama (1811), refundido luego bajo el título O Oriente y juzgado por el autor superior a Os Lusiadas (v.) de Camoes, y Newton 1813), que luego recibió nueva forma y el título Viagem extatica a o templo da Sabedoria (1830) —, la tragedia Branca de Rossi (1819) y la comedia en prosa A impostura castigada (1822), contra los médicos. Toda esta producción ha sido hoy justamente olvidada; así, el nombre de Macedo es recordado sólo por la sátira Los burros (v.), en la que su rencor y su genio de polemista ofrecen matices agresivos y una elocuencia no carente de eficacia.