Joris-Karl Huysmans

Nació el 5 de fe­brero de 1848 en París, donde murió el 12 de mayo de 1907. Hijo de una vieja familia de origen holandés que contaba entre sus an­tepasados a varios pintores famosos, creció en el ambiente propio de la pequeña bur­guesía, y durante más de treinta años des­empeñó un modesto empleo en el ministerio del Interior. Empezó la actividad literaria con una colección de poemas en prosa que reflejan cierto ingenuo «satanismo» proce­dente de Poe, de Baudelaire y quizá de Barbey d’Aurevilly. Sin embargo, pronto sintióse atraído por el naturalismo y llegó a ser uno de los seguidores más sistemáticos e impetuosos de Zola; dentro de esta trayec­toria publicó Marthe (1876), Las hermanas Vatard (1879, v.), En ménage (1881) y Agua abajo (1882, v.).

Con todo, la obra más típica de este período sigue siendo la narra­ción Mochila a cuestas, con la cual colaboró en 1880 en el volumen de Las veladas de Médan (v.); revela esta producción, además del gusto por los detalles escatológicos, la algofilia que supone, posiblemente, la carac­terística más constante de su temperamento. No obstante, el cerrado positivismo de las teorías de Zola no conseguía satisfacerle; y así, diose al estudio del ocultismo y de la magia, e inauguró el estilo por él mismo denominado «naturalisme spiritualiste», en realidad una forma de simbolismo (Al revés, v., 1884), con el célebre personaje de Des Esseintes, el hombre de los gustos decaden­tes y artificiales, y Lá-bas, de 1891). Por este camino llegó a un esplritualismo religioso más bien acusado, y, finalmente, hacia 1895, al más riguroso catolicismo, vivido con una plena adhesión sentimental; cabe incluso considerar este cambio de rumbo como la primera de las grandes conversiones lite­rarias finiseculares.

Después H. retiróse a vivir al monasterio benedictino de Ligugé, donde se hizo oblato. Ello provocó gran revuelo en el mundo de la cultura, y, así, las obras debidas a esta nueva inspiración — En ruta (1895, v.), La catedral (1898, v.), El oblato (1903, v.) y Les joules de Lourdes (1906) —alcanzaron un éxito mucho mayor que el de sus novelas naturalistas. Cuando Francia denunció el Concordato y las órde­nes religiosas fueron expulsadas, H. volvió a París, donde un cáncer de garganta le llevó a la tumba. En 1900 el testamento de Edmond Goncourt habíale llamado a figurar entre los primeros miembros de la Academia de este mismo nombre.

M. Bonfantini