Jorge de Montemayor

Novelista y poeta hispanoportugués. Nació en Montemor O Velho, cerca de Coimbra, hacia 1520, y murió en el Piamonte en 1561. Se ha dicho que su padre era platero y que fue acusado de ser judío. Jorge, de niño, era cantor de la ca­pilla de la infanta María de Portugal, con la que pasó a Castilla, cuando ésta fue a casarse con el príncipe Felipe, más tarde Felipe II. A la muerte de su señora, en 1545, Montemayor le dedicó unos versos necrológicos. En 1551 nuestro poeta se encontraba en Portu­gal al servicio de la infanta Juana de Castilla, madre del rey Sebastián. En 1552 era aposentador de la infanta. Fue amigo de Sá de Miranda, a quien cuenta sus amo­res con «Marfisa» en una célebre epístola, de Feliciano Silva y de Gutierre de Cetina.

Vuelto a Castilla en 1554, no está probado que acompañase a Felipe II a Inglaterra y Flandes. Sabemos que estuvo en Sevilla, en tierras de León, donde sitúa la acción de su Diana (v.) y en Valencia donde la imprimió (1558 ó 1559). Murió en el Piamonte en 1561 a mano airada, «por ciertos celos a amores». Su primera obra es la Exposición sobre el Salmo ochenta y seis (Alcalá, 1548). Sus poesías fueron publicar das en el Cancionero (Amberes, 1558, v.), en dos volúmenes; el que contenía versos de tema religioso fue prohibido por la In­quisición por considerarlos obra de un alumbrado o adepto de la secta herética de los iluminados; el de versos profanos al­canzó un gran éxito. Montemayor escribe en coplas castellanas a imitación de los poetas del si­glo XV y su modelo preferido es Jorge Manrique, del cual glosó las Coplas (v.). También tradujo los Cantos de amor del catalán Ausias Marc (v.). Pero su obra más considerable son Los siete Libros de la Diana, novela pastoril en prosa y verso; de éstos son mejores los cortos que los ende­casílabos, como ya juzgó Cervantes en el Quijote.

La prosa mereció un buen elogio de Menéndez Pelayo. Las fuentes de la Dia­na son la Arcadia de Sannazaro y la Menina e moga del portugués Ribeiro (ins­pirada a su vez en la novela del italiano), Petrarca y Bandello. La influencia de la Diana sobre la literatura europea fue muy notable; traducida varias veces al francés, en ella se inspiraron Hardy, Pousset, D’Urfé, Florian. También fue vertida al alemán y al inglés: el propio Shakespeare tomó el ar­gumento de Los dos hidalgos de Verona (v.) de la historia de Félix y Felismena. En España la novela de Montemayor alcanzó una enor­me difusión y fue continuada por Alonso Pérez, por Texeda y sobre todo por Gil Polo en su Diana enamorada (v.). Un fraile, Bar­tolomé Ponce, publicó la Clara Diana a lo divino (v.), parodia en sentido religioso de la obra de Montemayor, escrita para contrarrestar el vasto y poderoso influjo que este libro ejercía entre la juventud, sobre todo entre el sexo femenino.