Nació en Elstow (Berfordshire) en noviembre de 1628, y murió en Londres el 31 de agosto de 1688. Figura entre los escritores religiosos más ilustres de Inglaterra.
De humilde origen, apenas recibió instrucción elemental; pero, ya desde niño, manifestó una imaginación extraordinaria y una fina conciencia de la culpa que, alentadas por la asidua lectura de la Biblia, le llevaron a descubrir significaciones trascendentes en los hechos más comunes de la vida cotidiana.
Desde los dieciséis a los diecinueve años sirvió en el Ejército del Parlamento. Una vez casado, la lectura casual de dos libros piadosos de su mujer le indujo a la conversión religiosa, experiencia crucial madurada entre torturas de remordimientos y dudas que describe con gran eficacia en la autobiografía espiritual Gracia abundante para el mayor pecador (v.).
Ingresado en la Congregación baptista de Bedford y dedicado a la predicación, fue detenido al ocupar de nuevo el trono los Estuardo, y permaneció en la cárcel durante doce años, hasta que la declaración de indulgencia de Carlos II (1672) le permitió volver a predicar.
Estuvo encarcelado otra vez por espacio de seis meses en 1675, cuando, retirada la declaración, fueron negados los permisos de predicación a los no reformistas. En los años de cautiverio escribió la referida autobiografía y la primera parte del Viaje del peregrino desde este mundo al futuro (v.), que acabó de publicar en 1684; la sinceridad de sus sentimientos religiosos y, al mismo tiempo, la fantástica intensidad en la representación de profundas verdades morales a través de símbolos sencillos y sugestivos, han hecho de este último texto una de las obras maestras de la literatura religiosa de todos los tiempos y el libro inglés más leído después de la Biblia.
El cristianismo de B. pone de manifiesto el temperamento duro y enérgico de la espiritualidad puritana, que, aun manteniéndolas, matiza las ingenuas formas populares de la imaginación medieval con una conciencia ética más austera y concibe la vida como una lucha sin cuartel contra las asechanzas del mal. Para el autor, la Ciudad Celeste sólo aparece en todo su esplendor al final de un camino lleno de mortales peligros. Por la sutileza de su intuición psicológica B. anuncia los moralistas del siglo XVIII, en tanto el carácter visionario de sus obras, unas sesenta, concebidas todas ellas en forma de sueño o de parábola, le vincula a los místicos primitivos, singularmente en Vida y muerte del señor Badman (v.) y The holy War (1682).
F. Mei

