Nacido el 21 de marzo de 1685 en Eisenach y m. el 28 de julio de 1750 en Leipzig. Bach, cuya obra permaneció casi olvidada hasta unos ochenta años después de su muerte, fue luego universalmente reconocido como uno de los mayores genios de la música aparecidos jamás sobre la tierra.
Descendía de una familia turingia de antigua tradición musical que había producido ya figuras notables como Johann Christoph y Johann Michael, primos de su padre Ambrosius. Último de los ocho hijos de éste y de Isabel Lámmerhirt, Bach recibió las primeras enseñanzas musicales de su progenitor, músico municipal de Eisenach, y de su tío Johann Christoph.
A los diez años quedó huérfano de padre y madre, y fue confiado a los cuidados de su hermano mayor Johann Christoph, organista de Ohrdruf, quien no parece haber realmente comprendido su precoz talento. Por lo demás, Bach no contó con verdaderos profesores; y, así, fue formándose él mismo en el estudio de los compositores principales y secundarios y de las tradiciones musicales más importantes de toda Europa, y a través del conocimiento directo de insignes intérpretes, sobre todo organistas, a cuyos recitales asistía; oyó tocar, probablemente, a Bóhm en Luneburgo — adonde se trasladó en 1700 para ingresar en el coro de la Michaelisschule—, y, con posterioridad a esta fecha, a Reinken en Hamburgo, y a Buxtehude en Lübeck.
Desde Luneburgo, además, dirigióse varias veces a Celle, junto al duque de Hannover, y posiblemente colaboró asimismo en su capilla musical; sea como fuere, allí tuvo ocasión de conocer ampliamente la música francesa para el clavicémbalo y de ópera, singularmente la de Couperin y Lully. Siguió cursos de estudios generales en el liceo de Ohrdruf y en Luneburgo, y conoció también la lengua latina, como se desprende de muchas de sus cartas, escritas en una curiosa mezcolanza de latín y alemán.
Sin embargo, más que los estudios literarios parecen haber dejado notable huella en su espíritu los de teología, que, como buen luterano ortodoxo, no abandonó jamás. La pericia muy pronto alcanzada en las distintas ramas de la interpretación musical — clavicémbalo, órgano, violín, dirección coral — no tardó en procurarle colocaciones adecuadas. Y así, tras el período de Luneburgo estuvo durante algunos meses del 1703 en Weimar, como violinista, y luego, probablemente, como organista en la capilla particular del príncipe de Sajonia-Weimar.
En el verano de este mismo año pasó a Amstadt en calidad de organista de la «Nueva Iglesia», cargo que desempeñó hasta 1707. A tal época pertenecen sus primeras obras notables, como el Capricho en el alejamiento del hermano, compuesto en 1704 y, según parece, en ocasión de la partida de su hermano Johann Jacob para Suecia; del mismo período son también algunas piezas para órgano y, probablemente, la primera de las Cantatas (v.) sacras sobre el texto Denn du wirst meine Seele nicht in der Hollé lassen.
Durante su estancia en Arnstadt, además, realizó, en 1705, el famoso viaje a pie (de más de 400 kilómetros), posiblemente para oír al insigne organista y compositor Dietrich Buxtehude, cuyos célebres divertimentos musicales denominados «Abend-Musiken» (literalmente: músicas nocturnas) ofrecían para el joven Bach un atractivo especial; sin duda, el contacto con este músico, de quien Bach podría haber recibido quizá algunas lecciones, ejerció una influencia notable en el desarrollo del gran genio, sobre todo en cuanto a la música para órgano y a las formas de preludio, fuga, pasacalle y chacona.
La ausencia del organista a que el viaje dio lugar se prolongó por espacio de cuatro meses, hasta febrero de 1706, y, sea como fuere, mucho más allá de los límites del permiso concedido; por esta y otras causas, las relaciones de Bach con las autoridades de Arnstadt empeoraron, aun cuando no se le hizo objeto de sanciones materiales, sino únicamente de advertencias y reprensiones.
Por fin, en 1707 pudo el joven músico librarse de tan ingrata situación aceptando el puesto de organista de la iglesia de San Blas, en Mühlhausen, donde ocupóse también de música vocal; allí cuidó, además, de la restauración del órgano, reformó el coro y la orquesta, e inició la actividad docente, en la que tuvo como discípulo a J. M. Schubert, que le guardó un intenso afecto. En Mühlhausen, finalmente, formó su nido familiar: en octubre de 1707 casóse con su prima en tercer grado María Bárbara, hija del músico ya citado Johann Michael Bach y a la cual conoció en Arnstadt.
De ella tendría siete hijos, de los cuales fueron apreciados compositores los dos primeros: Friedemann (1710 – 84) y, singularmente, Karl Philipp Emmanuel (1714-88), quien contribuyó de manera notable al desarrollo de la sonata. Durante su estancia en la mencionada ciudad, que abarcó poco más o menos un año, compuso Bach algunas cantatas sacras, entre ellas la denominada Actus tragicus, muy importante.
En junio de 1708 volvió a establecerse en Weimar, esta vez como organista y músico de cámara (Kammermusikus) de la capilla palatina del duque regente Wilhelm Ernst; hasta 1717 desempeñó tales cargos, a los que en 1714 añadióse el de «Konzertmeister», o sea violín solista de la orquesta y vicemaestro de capilla del conjunto orquestal de palacio.
Durante los años pasados en Weimar, Bach mantuvo con el insigne maestro y compositor Johann Gottfried Walther, autor de un interesante léxico musical, relaciones de amistad, que incluso en el aspecto artístico le resultaron indudablemente útiles, por la experiencia del amigo en el dominio del contrapunto y el coral. En el curso de esta segunda fase del período de Weimar desarrolló también el gran genio una intensa actividad como compositor para órgano (v. Tocatas y Preludios y fugas), evidentemente relacionada con su función fundamental de organista y con el óptimo instrumento en que la desarrollaba.
Compuso, además, obras para clavicémbalo y algunas de sus más bellas Cantatas, forma en la que experimentó hasta cierto punto la influencia de las características introducidas en el texto literario por Neumeister y Salomon Franck, debido a las cuales se aproximaba, a causa de la importancia concedida a las arias y recitativos, al estilo vocal italiano del tiempo; cabe recordar que, en general, durante esta época Bach fue intensificando el conocimiento de las formas musicales procedentes de Italia, singularmente de las instrumentales, como demuestran sus transcripciones para órgano y clavicémbalo de obras de Frescobaldi , (de cuyas Flores musicales se conserva todavía una copia manuscrita de Bach firmada por éste en 1714), Legrenzi, Corelli, Albinoni, Vivaldi, etc.
Desde Weimar realizó numerosos viajes, ya para el ensayo de órganos o bien por otros diversos motivos artísticos o profesionales. Estuvo en Kassel, Leipzig, Halle y Dresde; en esta última ciudad la competición anunciada entre Bach y el organista y clavicembalista francés Louis Marchand (1717) quedó interrumpida, según parece, por la retirada del adversario ante la repentina maestría manifestada por el gran genio en la improvisación.
En Weimar desarrolló también una intensa labor docente, en cuyo transcurso formó a discípulos como Joh. Caspar Vogler, Joh. Tobías Krebs — acerca de cuyo apellido se atribuye al maestro el gracioso juego de palabras: «En mi riachuelo (Bach) no he pescado sino un cangrejo (Krebs)»—, Joh. Gotthilf Ziegler y su propio sobrino Joh. Bernhard Bach.
En 1717 dejó la corte de Weimar y se dirigió a la del príncipe Leopoldo de Anhalt-Kothen, donde recibió el cargo de «Kapellmeister» — que, contra sus deseos, no le había sido concedido en su estancia anterior a la muerte del titular Samuel Drese—, y, como dispusiera de un buen conjunto instrumental, vióse particularmente estimulado a la composición de obras para instrumentos de arco y para orquesta.
Así nacieron durante esta época las Sonatas y Partitas (v.) para violín solo; las Sonatas para violín y «cémbalo concertado», para violoncelo, para viola de gamba y clavicémbalo; los Conciertos de Brande- burgo (v.), y, posiblemente, las cuatro Oberturas; otras composiciones de este período son las Invenciones a dos y a tres voces (estas últimas denominadas originariamente Sinfonías) y las Suites francesas (v.), todas ellas para clavicémbalo.
Escasean aquí las Cantatas y las obras para órgano; en compensación, Bach parece haber iniciado en Kothen su primera composición coral y sinfónica de grandes proporciones, primera asimismo en el género del oratorio en su concepción más amplia: la Pasión según San Juan (v.). Cabe recordar también las experiencias del músico en la fabricación de instrumentos especiales, y en particular su invento de la «viola pomposa» de cinco cuerdas.
En el curso de estos años realizó también frecuentes viajes por motivos análogos a los del período de Weimar; en 1717 fue a Leipzig para el ensayo de un órgano, y en 1719 a Halle, donde estuvo a punto de encontrarse con Händel (lo mismo ocurrió por segunda vez unos diez años más tarde). También en 1719, y al regresar de un viaje realizado a Karlsbad con el príncipe, halló muerta a su mujer; la pérdida provocó en Bach un dolor muy profundo, cuya sinceridad no debe ponerse en duda aun cuando sólo dos años después, inquieto por la suerte de los cuatro hijos que le quedaban de los siete habidos, se uniera en segundas nupcias con Ana Magdalena Wülken. La nueva esposa, bien dotada musicalmente, sobre todo para el canto, Je resultó no solamente inmejorable compañera, sino también colaboradora artística (conservamos de su mano la copia de varias composiciones del marido).
De ella tendría trece hijos más, el último de los cuales, Johann Christian (1735-82), denominado el Bach milanés o londinense por razón de los lugares en los que desarrolló su principal actividad, compuso obras muy apreciadas en un estilo algo italianizante que no dejó de influir en Mozart, y disfrutó entonces de una fama superior a la de su padre.
Recordemos, para terminar este examen de los episodios más importantes de la época de Köthen, un viaje a Hamburgo. donde Bach pudo ver todavía al ya muy anciano maestro Reinken, el cual reconoció las grandes cualidades de su antiguo discípulo.
Desde 1723 hasta su muerte el genio ocupó en Leipzig el cargo anteriormente desempeñado por Johann Kuhnau: el de «Cantor» (o sea, poco más o menos, maestro de capilla) de la «Thomasschule», escuela aneja a la iglesia de Santo Tomás. Tal misión implicaba diversas actividades: la composición y dirección de la música para el templo, la instrucción del coro formado por los mismos alumnos del colegio, el puesto de director musical de la Universidad, etc.
En conjunto, este período fue el más fecundo de-la existencia de Bach Aun cuando no le faltaron al gran músico durante su transcurso disgustos ni amarguras, su inspiración, empero, fluyó abundante como nunca, sobre todo en el campo de la música sacra, al cual pertenecen las obras más ilustres de la etapa en cuestión: la Pasión según San Juan, posiblemente, como ya hemos dicho, empezada a componer en Kothen; la sublime Pasión según San Mateo (v.), el Oratorio de Navidad, la Misa en si menor (v.) y la mayoría de las Cantatas. Entre las composiciones instrumentales del período figuran: Fantasía cromática y fuga (v.), las Partitas y la segunda parte del Clave bien temperado (v.), todas ellas para clavicémbalo; para órgano: numerosos Corales y Preludios y fugas; además, Conciertos para clavicémbalo y orquesta de cuerda, etc.
Durante su estancia en Leipzig, Bach no abandonó sus acostumbrados viajes realizados por motivos artísticos o de otro tipo; y así fue a Weimar, Hamburgo y otros lugares, y estuvo repetidamente en Dresde, donde conoció a varios músicos, entre ellos, probablemente, en 1731, al célebre compositor Joh. Adolph Hasse, a quien acompañaba su esposa, la cantante italiana Faustina Bordoni.
Este matrimonio visitó luego varias veces a Bach en Leipzig, adonde con frecuencia iban también a verle músicos y admiradores. Todo ello indica el notable aumento de su fama, no siempre, empero, proporcionada a la magnitud del genio, por cuanto en él solían apreciarse mucho más sus cualidades de organista, clavicembalista e improvisador que sus merecimientos como autor musical; así lo atestiguan particularmente las críticas o, mejor, seudocríticas de Mattheson y Scheibe.
Durante la época de Leipzig, Bach dedicóse con singular interés a la actividad de profesor privado; en este aspecto, sus discípulos más asiduos fueron — además de su hijo Joh. Christoph y de otros parientes, como su yerno Altnikol— J. F. Agricola, Doles, Goldberg, a quien dedicó la célebre Aria con treinta variaciones, Müthel — su último alumno —, etc. En 1747 realizó la famosa visita a Federico II de Prusia en su palacio de Potsdam, donde se encontraba su hijo Karl Philipp Emmanuel; en tal ocasión compuso el repertorio Ofrenda musical (v.) y pudo ensayar los modelos de piano de macillos construidos por Silbermann. A partir de entonces el gran genio fue perdiendo la vista, excesivamente fatigada por el trabajo, y, tras una operación, quedó ciego.
En el curso de esta dolencia compuso todavía, no obstante, El arte de la fuga (v.). Recobró la vista diez días antes de su muerte, y falleció rodeado de sus familiares: la esposa, las hijas, el hijo Joh. Christian (de los veinte nacidos en conjunto de sus dos matrimonios sólo vivían nueve, seis varones y tres hembras), su yerno y discípulo Altnikol y su otro alumno Müthel.
La obra incomparable de Bach pasó a la posteridad gracias al interés que a ella dedicaron sus hijos y un limitado grupo de discípulos. Casi ignorada por espacio de muchos años, habría de ser revelada a principios del siglo XIX por la biografía de Forkel y, particularmente, la labor de Mendelssohn, quien dirigió la primera interpretación completa de la Pasión según San Mateo en 1829, exactamente cien años después de su composición.
F. Fano

