Roger Bacon

Nacido en los alrededores de Ilchester hacia 1210-14 y m. poco después de 1292 (según muchos historiadores, hacia 1294).

Ingresado en la Orden franciscana, estudió en Oxford con ilustres maestros, como Adán de Marsh y Robert Grosseteste, por quien sintió siempre una gran admira­ción y algunas de cuyas audaces ideas sobre el carácter matemático de las ciencias natu­rales adoptó.

Hombre de gran cultura —in­dudablemente uno de los más sabios de su época—, muy interesado en los problemas científicos de la naturaleza, no ajeno a la alquimia (y por ende, como todos los al­quimistas, sospechoso de magia, brujería y tratos con el diablo) y dado a la polémica violenta, que dirigió incluso contra los per­sonajes más célebres de su época (no aho­rró, por ejemplo, los ataques a Alberto Mag­no), atrájose muy pronto la antipatía de la Universidad y de su misma orden, de suer­te que hubo de abandonar Oxford y con­tinuar sus estudios universitarios en París, donde, según parece, únicamente le resul­taron provechosas las enseñanzas del lógico Guillermo de Shyreswood.

Permaneció en la capital de Francia entre 1242 y 1250 poco más o menos, y luego volvió a Oxford; aquí, entre enemistades, sospechas y persecucio­nes, dedicóse hasta 1257 a la función do­cente. Después, privado de la enseñanza y de la publicación de cualquier texto, re­gresó a la sede parisiense de su orden, don­de se le vigiló estrechamente.

Sin embargo, en 1265 subió al solio pontificio, con el nombre de Clemente IV, un amigo y admirador de Bacon, Guy Foulques, el cual no sola­mente le tomó bajo su protección, sino que incluso le encargó la redacción de una obra susceptible de ser empleada como base para la reforma de la enseñanza eclesiástica de las ciencias.

Y así, de 1267 a 1268 envió al papa los tres famosos textos Obra mayor (v.), Obra menor (v.) y Obra tercera (v.), que le procuraron una gran celebridad y al mismo tiempo numerosas antipatías; és­tas, empero, no alcanzaron un carácter gra­ve hasta después de 1277 (Clemente IV ha­bía muerto en 1268), época en la cual va­rias de sus tesis fueron condenadas por el obispo de París, Tempier.

Ello dio lugar al encarcelamiento de Bacon, que duró aproxima­damente hasta 1292, fecha de la composi­ción de su último texto, el Compendium studii theologiae. A partir de entonces no hay ya más noticias sobre el autor, que de­bió de morir poco después.

G. Preti