Johann Kaspar Lavater

Nació el 15 de noviembre de 1741 en Zürich, donde murió el 2 de enero de 1801. Figura típica de un período contradictorio y complejo de la cul­tura alemana, refleja en su vida, como en sus obras, el contraste de los temas que definen la época de la «Aufklärung» y del «Sturm und Drang». Al atravesar el Rin, el ardor de la razón se embotó y dio lugar a la religiosidad pietista, y las luces fueron captadas por los teólogos, quienes descu­brieron nuevas formas de la sensibilidad y de los afectos. Racionalismo y fe, plato­nismo y cristianismo y humanismo y teocentrismo son los términos que Lavater, con ten­sión y delicadeza de espíritu, intentó con­ciliar. La reacción contra el racionalismo de los últimos años nos atestigua su inquietud y sus dudas. En Zürich respiró el clima zuingliano de los estudios teológicos y el difundido gusto por la estética de Bodmer, que defendía lo «maravilloso» y exaltaba a Milton y Klopstock.

Más tarde, la lectura de Ch. Bonnet, Leibniz y Rousseau dio nue­vas inspiraciones a su religiosidad, de las que la obra Visiones de la eternidad (v.), concebida en 1765 y publicada entre 1768 y 1772, sería el fruto. El repliegue interior expresado por el Diario secreto de un observador de sí mismo [Geheimes Tagebuch von einem Beobachter seiner selbst, 1771-1773] no supuso una interrupción de la actividad apostólica y civil. Y así, Lavater perteneció a la «Sociedad Helvética» de Schinznach, que actuaba en favor de una renovación nacio­nal, y acogió con entusiasmo en sus Cantos suizos (1767, v.) a figuras de patriotas. En 1762 denunció al prefecto Grebel por abuso de poder, y obtuvo su destitución. Fue diá­cono del orfanato de Zurich, y luego, en 1775, llegó a pastor de la iglesia de San Pedro, donde alcanzó fama de gran orador. Viajó mucho por Alemania y se relacionó con Herder y Goethe, quienes admiraban singularmente su Fisiognómica (1775-1778, v.). Este último calificóle de «insustituible», realizó con él una excursión por el Rin en 1774 y le dirigió una extensa correspon­dencia.

Las relaciones amistosas con los dos grandes alemanes, empero, se enfriaron y quedaron rotas a partir de 1780, debido a la acentuación de la actitud fideísta de Lavater Es­tallada la Revolución en Francia, apoyóla al principio; luego pronuncióse contra el ré­gimen instaurado en Suiza por los france­ses, y a causa de ello fue enjuiciado y deportado a Basilea. Vuelto, al cabo de unos años, a Zurich, cayó mortalmente herido por un disparo de fusil de uno de los sol­dados de Massena que sitiaban la ciudad.

M. Spagnol