Henri Lavedan

Nació en Orléans el 9 de abril de 1859, y murió en París en 1940. Hijo de un célebre periodista, empezó muy pron­to a publicar en la Vie parisienne y luego en el Journal una serie de agudas crónicas satíricas integradas por irónicos diálogos mundanos que le revelaron agradable na­rrador y observador sagaz de las costum­bres. Lo mejor de tal producción (Petites fetes, 1890; Nocturnes, 1895; Leur beau physique 1897; etc.) se da en Le nouveau jeu (1892). El teatro, que intentó casi al mismo tiempo, acabó por absorberle. En este cam­po inició su actuación en 1891 con la come­dia Une famille, y en 1894 era ya famoso gracias a Le prince d’Aurec. La trilogía sa­tírica dirigida contra el gran mundo y em­pezada con Prince y completada con Les deux noblesses (1895) y El viejo libertino (1897, v.) llevóle a la Academia Francesa (1898).

Más tarde prevaleció en nuestro au­tor la intención moral, muy evidente en la conocida obra El marqués de Priola (1902, v.), y combinada con la religiosa en Duel (1905), paralelamente a su retorno a la fe. En conjunto, empero, la producción de Lavedan, llegada al drama patético después de haber rozado la «pochade», no consigue despegarse de la mediocridad, y, ni aun en las mejores obras, pocas, alcanza unos valores firmes artísticos o documentales. Sire (1909), Le goût du vice (1911), Servir (1913), La chien­ne du roi (1913) y Pétard (1914) pertenecen a la categoría mencionada. Tras la primera guerra mundial el autor volvió a la narra­tiva con una obra muy ambiciosa, Le che­min du salut, ciclo novelesco en cuatro to­mos (1920-25) que provocó una gran desilu­sión a causa de su ingenuidad moral. Mucho más lograda resultó, en cambio, la evoca­ción biográfica de San Vicente de Paúl (Monsieur Vincent aumônier des galères, de 1928). Lavedan dejó, además, sus memorias: Avant Voubli (1933-40).

C. Falconi