Johann Adam Mölher

Nació el 6 de mayo de 1796 en Ugersheim (Würtemberg) y murió en Würzburg el 12 de abril de 1838. Tras cursar los estudios clásicos, estudió Teología en Ellwangen y en 1819 fue ordenado de sacerdote. Después de un período de ministe­rio pastoral, fue llamado a la cátedra de Historia eclesiástica en la Facultad Teoló­gica Católica de Tubinga, al principio como profesor agregado (1823-26) y luego como catedrático (1826-35). En este último año pasó a Munich como profesor de Exégesis del Nuevo Testamento, pero no pudo enseñar por largo tiempo a causa de una enfermedad. La brevísima vida y carrera cien­tífica de Mölher. ha sido una de las más fecun­das, geniales y eficaces, no sólo del siglo pasado, sino de toda la historia de la teo­logía católica. Mölher fue, en efecto, un genial autodidacto que supo interpretar como po­cos las necesidades culturales religiosas de su tiempo. En el período de su formación se había dado cuenta de la distancia exis­tente entre la teología católica y la pro­testante en el terreno científico, en particu­lar en el histórico, y se había propuesto asi­milar lo mejor de la producción científica y de la cultura protestante para ponerlo al servicio de la doctrina y de la Iglesia católicas, de cuya verdad no dudó nunca.

Tal fue la razón de que asistiera a las fa­cultades teológicas protestantes y especial­mente a la histórica de la Iglesia Neander, de la que aprendió el amor a los Padres y su dirección teológica; tuvo también una clara conciencia del pensamiento religioso de Schleiermacher y del mismo idealismo filosófico. De éste aprendió una idea ins­piradora de todo su pensamiento: la his­toria — y también la historia de la Igle­sia— no es una pura sucesión casual de hechos, ni una concatenación fatal de acon­tecimientos, sino el desarrollo de una idea que, existiendo en germen en los orígenes, transforma sus virtualidades íntimas con el curso de los sucesos históricos. La idea era válida, aunque no todas las aplicaciones hechas por Mölher fueran aceptables. Por este principio filosófico-histórico y por la mul­tiplicidad de aplicaciones hechas por él, debe considerarse a Mölher como el principal representante de la llamada «escuela de Tubinga», la dirección teológica más viva y fecunda de la cultura teológica alemana del siglo pasado.

Entre las obras de Mölher de­ben citarse de un modo preferente La uni­dad en la Iglesia o el principio del catoli­cismo [Die Einheit in der Kirche oder das Prinzip des Katholizismus, 1825], original reconstrucción de la doctrina católica res­pecto a la Iglesia, inspirada en el pensa­miento patrístico, discutible en alguna afir­mación, pero eficacísima por el aliento místico que la informa: La simbólica o ex­posición de las oposiciones doctrinales entre católicos y protestantes [Die Simbolik oder Darstellung der dogmatischen Gegensätzen der Katholiken und Protestanten, 1832], só­lida reconstrucción orgánica y especulativa de los principios fundamentales que domi­nan la concepción católica y la concepción protestante del cristianismo, merecedora de estudio todavía hoy; Nuevas investigaciones sobre las diferencias doctrinales entre cató­licos y protestantes [Neue Untersuchungen der Lehrgegensätzen zwischen den Katho­liken und Protestanten, 1834], que defiende la obra anterior contra las objeciones pro­movidas por teólogos protestantes.

De sus numerosos estudios históricos, sólo una parte fue publicada por él en forma de artículos en la revista Tübinger theologische Quar­talschrift y en dos obras, Atanasio el Grande [Athanasius der Grosse, 1827] e Historia del monacato [Geschichte des Mönch­tums, 1836-37]. Otros fueron publicados des­pués de su muerte por sus discípulos, pero resulta difícil distinguir lo que es autén­tico de lo añadido. Casi todas las obras de M. fueron traducidas en la primera mitad del siglo pasado a los principales idiomas.

C. Colombo