Johan Bojer

Nació en Orkedalsøren (Trondheim, Noruega) el 6 de marzo de 1872. Huérfano, recogido y criado en duras condiciones por gentes pescadoras, éstas for­jaron su carácter ya antes de haber cono­cido la disciplina escolar, la miseria y una tenaz voluntad de independencia.

Alumno de la escuela comercial y de la de suboficia­les de Trondheim, y luego actor, fue el ar­tífice único de su propia cultura. El tedio que le causaba la monotonía de su vida le indujo a salir de Noruega y a viajar por Inglaterra, Francia e Italia. Permaneció lar­go tiempo en París: de 1902 a 1907, «los años más ricos de mi existencia», según afirmó posteriormente.

Inició sus actividades con el drama Una madre (1894), y pronto al­canzó notoriedad en Cristianía y Copenha­gue, donde, en verdad, resulta mucho más difícil que en París o Londres pasar inad­vertido. Los cuentos y las novelas que si­guieron a esta primera obra dramática fue­ron muy elogiados, y, así, antes de llegar a los treinta años convirtióse en un escri­tor famoso en los países nórdicos.

Traspa­sadas las fronteras de éstos por su repu­tación, Bojer fue traducido en alemania y Francia, donde se impuso como autor de moda. Toda su obra está caracterizada por su condición de autodidacto y su vida aven­turera, caso frecuente en los escritores no­ruegos.

El hábito del vagabundeo desarrolló en él indudablemente un naturalismo in­tenso, el gusto por la acción, el sentimiento de lo novelesco y una vasta curiosidad que le impidió el aislamiento y confiere a sus descripciones de costumbres locales un in­terés y unas proporciones de carácter ge­neral.

Su amplia producción comprende co­medias — Theodora (1902), Brutus (1904) — y novelas que han alcanzado gran fama. En El poder de la fe [Troens magt, 1903], una de las obras narrativas más célebres de Bojer y premiada por la Academia Francesa, el autor aplica al estudio de un ambiente campesino los procedimientos esenciales del gé­nero psicológico; esta novela de costumbres rurales; austera y emotiva, carece por com­pleto de las descripciones pintorescas pro­pias de los textos franceses de este mismo carácter.

Citemos, además, Una migración [Et folketag, 1896], El preso que cantaba [Fangen som sang, 1913], Vida [Liv, 1911], La gran hambre [Den Store hunger, 1916], El último vikingo [Den siste Viking, 1921] y Los emigrantes [Vor gen stamme, 1924].

Los personajes de Bojer resultan honrados in­cluso en el delito; ignoran la perversidad, poseen una conciencia que no descuidan por completo, y su orgullo supera la depra­vación. Esta forma espiritual típicamente nórdica da a toda la obra del autor un sabor de ingenuidad. En las novelas mani­fiesta asimismo sus cualidades dramáticas; y así, algunas escenas parecen pensadas y escritas para el teatro.

M. Mourre