Jeremías

Autor del libro homónimo (v.) bíblico. Hijo de un sacerdote de la tribu de Benjamín, pasó los primeros años de su vida en la tranquila villa natal de Anatot, distante sólo pocos kilómetros de Jerusalén. Al tierno y delicado corazón de Jeremías le hubiera agradado vivir siempre así: llamado a ser profeta en edad juvenil (628 a. de C.), experimentó amargura y antipatía por tal misión, contraria a su temperamento; pero se sometió con humilde valor, aun previendo el inevitable martirio. Y lo sacrificó todo por su Dios. Ansioso de amor, rechaza el matrimonio; animado de patrio fuego, es encadenado a menudo como derrotista por sus sombrías predicciones; tiernamente sen­sible, se ve cubierto de oprobio que, en apariencia, soporta «insensible como un muro».

Pero en realidad, elegiaco por na­turaleza, maldice el día de su nacimiento y se lamenta de las mortales angustias de la desdichada patria. Sin embargo, en un último acto de fe en Dios, cuando avanzaban precisamente las tropas de Nabucódonosor, envía a su ‘fiel discípulo Baruc a comprarle un terreno a Anatot, porque «todavía se compran casas y campos y viñas en esta región». Estimado por los babilonios, quiso quedarse en la destruida capital para co­laborar con Godolías en la restauración nacional; pero después de la muerte del gobernador fue obligado a trasladarse a Egipto, contra su deseo y teniendo ya setenta años, por los hebreos sublevados, Allí, según una tradición no comprobada, fue lapidado por los propios correligionarios. Se le atribuyen también una Epístola (v.) y las Lamentaciones (v.).