Jean Moréas (Juan Papadiamantopoulos)

Nació en Atenas el 15 de abril de 1856 y murió en París el 30 de marzo de 1910. De ilustre familia griega, terminados los estu­dios clásicos hizo un viaje de instrucción por Europa y se estableció en París en 1877, para asistir a la Facultad de Leyes. Pero, apasionado por los poetas franceses desde la infancia (por obra, como él mismo dice, de su hábil institutriz, ya que en su primera colección de poesías, Víboras y tortolillas, v., cinco composiciones estaban escritas en lengua francesa), comenzó inmediatamente a frecuentar los ambientes literarios de la capital y ejerció una influencia decisiva en la formación de la corriente simbolista y en su transformación en verdadera y auténtica «escuela». Publicó, en efecto, él mismo, el 18 de septiembre de 1886, el «Manifiesto del Simbolismo». Los primeros volúmenes de versos, de 1884 a 1886, Les Syrtes y Les cantilénes, reflejan la influencia de Baudelaire, pero sobre todo la de Verlaine. Poco después, sin embargo, bien por un natural detenido examen de su espíritu estudioso, bien por la influencia de las ideas del viejo Banville, fue evolucionando hacia un tipo de poesía que pretendía hacer revivir la antigua tradición francesa, y, a través de ella, una especie de delicado y refinado cla­sicismo decadentista.

Así nació la «École romane», de la que él mismo publicó el «Manifiesto» en 1891, y que ejerció vasta influencia sobre la poesía hasta los prime­ros decenios del siglo actual: de tal escuela surgió, en efecto, Henri de Régnier, no le fue ajeno ciertamente el clasicismo deca­dente de D’Annunzio, y de ella, con segu­ridad, aparte del verbo de Mallarmé, sacó inspiración Paul Valéry. Siguiendo esta nueva inspiración, y con un estilo delicada­mente arcaizante, publicó las colecciones El peregrino apasionado (1891, v.), Eriphile (1894), Silves (1894), Silves nouvelles (1894) y Enone au clair visage (1898). Fueron otras tantas etapas en el camino de una auténtica originalidad que alcanzó al fin con las Estancias (v.), en siete libros, publicados de 1899 a 1920, una de las obras capitales de la poesía moderna. En ellas vierte Moréas una visión escéptica y pesimista del mundo (que era el substrato moral del decadentismo); que no da lugar, sin embargo, al drama, pero sí a una meditada investigación de las severas y profundas consolaciones del sentimiento, según modos típica y declarada­mente lamartinianos.

En los últimos años gozó Moréas de gran autoridad entre los poetas jóvenes; contribuyó no poco a crear el ambiente literario de la «Rive gauche» y a fundar el famoso cenáculo de la «Closerie des lilas», donde solía prodigar consejos a los poetas de las nuevas generaciones que se agrupaban en tomo a él. En 1903 había dado al Teatro Antiguo de Orange una Iphigénie en Tauride.

M. Bonfantini