Jean-Marie-Napoléon-Désiré Nisard

Nació en Châtillon-sur-Seine (Côte-d’Or) el 20 de marzo, de 1806, murió en San Remo el 27 de marzo de 1888. Desarrolló una carrera algo más coherente que sus opiniones personales, que en 1826, cuando colaboraba en el Journal des Débats, eran las de la oposición. En 1830 estaba en las barricadas, pero luego, decepcionado del régimen de Luis Felipe, pasó al campo liberal. El espíritu conser­vador le vino especialmente de su admira­ción por los modelos clásicos: desde las co­lumnas del National en 1833 lanzó el clamo­roso Manifeste contre la littérature facile, y al año siguiente atacó de nuevo a los ro­mánticos en Les poètes latins de la déca­dence. Bajo el ministerio Guizot obtuvo la cátedra de Literatura francesa en l’École normale y fue nombrado después consejero de Estado (1836), y en 1842, sacrificada defi­nitivamente la idea republicana, diputado ministerial.

Al año siguiente, Villemain le otorgaba la cátedra de Elocuencia latina en el Collège de France. Durante este tiempo había dirigido la «Collection des classiques latins» que lleva su nombre; de 1844 a 1849 divulgó su ideal del «esprit classique» con la publicación de la Historia de la litera­tura francesa (v.); en 1850, la Academia lo prefería a Alfred de Musset. El golpe de estado de 1851 lo reintegró momentánea­mente en todos los cargos perdidos y le proporcionó otros nuevos. Habiendo suce­dido a Villemain en la cátedra de Elocuen­cia francesa de la Facultad de Letras, en el año 1855 provocaba desórdenes entre los estudiantes con sus ideas sobre la distinta moral lícita a los príncipes y a los particu­lares. Trabajaba, sin embargo, asiduamente (Études sur la Renaissance, 1855) incluso después de las manifestaciones hostiles que acogieron en 1857 su nombramiento como director de l’École normale; en 1867 era nombrado senador. Otros frutos de su acti­vidad nunca interrumpida fueron Mélanges d’histoire et de littérature (1868); Portraits et études d’histoire littéraire (1874); Les quatre grands historiens romains (1874). Sainte-Beuve dijo de él que los académicos le encontraban nervio y los eruditos gracia.

S. Morando