Nació el 20 ó el 21 de agosto de 1609 en Dreux (Normandía), donde murió el 28 de junio de 1650. Pertenecía a la burguesía acomodada local, y viose protegido por el conde de Soissons, señor de Dreux. Empezó a componer versos a los diecisiete años, y todavía no cumplidos los diecinueve hizo representar la tragicomedia L’hypocondriaque ou le mort amoureux, obra de una imaginación singular que manifiesta ya su afición a las intrigas complicadas introducidas por el teatro español. Poseedor de una prodigiosa facilidad, puso muy pronto su ingenio al servicio de una compañía de actores. Muerto Hardy (v.), fue a partir de 1632 poeta del Hotel de Bourgogne. En el curso de su breve existencia escribió treinta y cinco obras, entre tragedias, tragicomedias y comedias, todas en cinco actos y en verso. Entre ellas cabe mencionar Les Ménechmes (1631, v. Los meneemos), La bella Alfreda (1636, v.), Laura perseguida (1638, v.) y Antígona (1638, v.). Además, se le atribuyen otras cinco obras: Lisiméne, La Thébaide, Don Alvar de Lune, Florante ou Les dédains amoureux y l’illustre Amazone.
Se sabe con certeza que, por otra parte, colaboró en una tragicomedia (L’aveugle de Smyrne, 1638) y en una comedia (La comedie des Tuileries, 1638), escritas en colaboración con los cinco poetas que integraban la pequeña academia particular del cardenal Richelieu y entre los cuales se hallaba Pierre Comeille, con quien mantuvo amistad. Además de éste, que le consideraba rival suyo, figuraron entre sus conocidos Máiret y Chapelain. En 1639, adquirido el cargo de «dieutenant civil et criminel», volvió a su ciudad natal, con una pensión del soberano. Allí contrajo un matrimonio que le dio seis hijos, participó de vea en cuando en los círculos preciosistas de la época y siguió escribiendo para el teatro, en particular tragedias: Belisario (1644, v.), El verdadero San Ginés (1645, v.), Wenceslao (1648, v.) y Cosroe (1649), las tres últimas consideradas sus obras maestras. Con frecuencia, empero, hubo de trasladarse a París para dirigir la representación de sus comedias.
En junio de 1650, cuando se hallaba en la capital, declaróse inesperadamente una grave epidemia en Dreux; al momento, y sin escuchar el parecer de los amigos y de su hermano, Rotrou llegó a la ciudad amenazada: tres días después sus conciudadanos acompañaban a la iglesia de Saint-Pierre el féretro de su virtuoso magistrado, cuyo sacrificio fue recordado en un epitafio. Demuestra, realmente, un verdadero temperamento teatral la amplia y variada producción del autor, en la que los elementos novelescos, fantásticos y líricos indican las posibilidades del teatro francés antes del triunfo de las «reglas», en un momento en que la escena presentaba una libertad y una riqueza casi shakespearianas.
C. Capasso

