Nació el 23 de junio de 1735 en Rennes, donde murió el 24 de marzo de 1820. Había estudiado en un colegio de jesuítas, con la intención de ingresar en la Compañía; pero luego, atraído por las doctrinas filosóficas ampliamente difundidas por el espíritu enciclopedista, dedicóse a la Filosofía. La necesidad, sin embargo, le forzó a una fatigosa existencia de escritor y preceptor; con frecuencia ganóse la vida dando lecciones de inglés, lengua que conocía bien y de la cual publicó una gramática. Debe la fama a su primera obra, aparecida en Amsterdam, De la naturaleza (1761, v.). A ella siguieron Considerations philosophiques sur la graduation naturelle des formes de l’étre (Amsterdam, 1767), Recueil philosophique (1769), Lettres sur les débats de l’Assemblée nationale relatifs a la Constitution (1789), etc.
Aun cuando no muy original ni profundo, supo, no obstante, oponer al materialismo mecanicista de La Mettrie y otros que entonces predominaban una concepción vitalista de la naturaleza. Para él cuanto en ésta se halla es viviente y orgánico, y ello a partir de las más pequeñas partículas en que puede dividirse la materia, todas ellas provistas de sensibilidad y movimiento; ni tan sólo en el hombre existe un alma independiente del cuerpo: las actividades psíquicas son manifestaciones de la única fuerza orgánica, y resultan más o menos intensas e importantes de acuerdo con la complejidad del organismo de los seres. Tal doctrina constituye un monadismo hilozoísta, parcialmente inspirado en Leibniz, pero en realidad, más próximo a Spinoza, cuya concepción panteista admite sustancialmente; con todo, en vea de partir de premisas racionalistas o espiritualistas se basa en un criterio dinámico- materialista y deduce la conciencia de la naturaleza.
En 1778 obtuvo el cargo de censor real, gracias a la protección del ministro Amelot, de quien fue secretario. Durante la Revolución vivió retirado en Rennes, y procuró hacerse olvidar. Ya en edad avanzada, y tras haber firmado una retractación de los principios filosóficos anteriormente profesados, murió reconciliado con la Iglesia.
V. E. Alfieri

