Jaume I

Rey de Aragón-Cataluña, lla­mado el Conquistador. Nació en Montpeller en 1208, murió en Valencia en 1276. Era hijo de Pedro II y de María de Montpeller, y hasta los cuatro años estuvo bajo la tutela de Simón de Montfort y le educó en Monzón el maestre de los Templarios Guillem de Montredó. En 1214 las Cortes de Lérida lo proclamaron rey y comenzó a ejercer el poder personalmente en 1218. Casó en 1221 con Leonor de Castilla, hija de Alfonso VIII. Sostuvo diversas luchas con el infante Fer­nando, su tío, e incluso fue su prisionero, pero logró escapar. Concibió la idea de con­quistar Valencia y Mallorca, por lo que agrupó un ejército; iniciada la empresa con­tra el rey moro de Valencia, la suspen­dió por una tregua en 1225, pues creyó nece­sario imponer ante todo y definitivamente su autoridad a algunos nobles levantiscos.

Logrado esto, divorcióse de Leonor y em­prendió la conquista de Mallorca, que quedó completada en 1229. En 1231 conquistó Me­norca y en 1233 reanudó la lucha contra los moros de Valencia, a los que derrotó com­pletamente. En 1235 casó con Violante de , Hungría y siguió guerreando hasta lograr la completa rendición del reino de Valencia (1238). Se apoderó de Játiva y Denia en 1249, y en 1251 cedió a su hijo Pere el gobierno de Cataluña. En el mismo año se rindieron los musulmanes fronterizos de Murcia. En 1258 celebró con San Luis, rey de Francia, el tratado de Corbeil, en virtud del cual el catalán renunciaba en favor del francés sus derechos a las tierras languedocianas y provenzales. En 1266 completó la conquista de Murcia, que cedió a Alfonso X de Castilla. Intentó una cruzada a Tierra Santa (1269); asistió al concilio ecuménico de Lyon (1274) y pasó a Valencia para do­minar una nueva rebelión morisca; allí le sorprendió la muerte. Fue sepultado en Poblet; más tarde sus restos fueron llevados a la catedral de Tarragona, y últimamente han sido devueltos a Poblet, junto a los demás reyes catalanes.

Hoy se acepta sin controversia como auténtico el Libre deis feyts, llamado también Crónica (v.) de Jaume I. La crítica más solvente precisa que el rey catalán intervino personal y di­rectamente en la composición del libro; los redactores trabajaron bajo la vigilancia in­mediata del soberano y siguiendo probable­mente la propia narración de sus recuerdos personales. La crónica empieza con el naci­miento e infancia del rey y la derrota y muerte de Pere I en Muret. Las conquistas de Valencia y las Baleares son relatadas con todo detalle. La narración se hace en primera persona y en plural, lo que le da un carácter de autobiografía, como sucede en las crónicas de Muntaner y de Pere III. Toda la crónica tiene un aire novelesco y es más realista cuando describe paisajes que al relatar las incidencias de una ba­talla. En los momentos culminantes el sen­timiento patrio confiere al relato una fuerte y auténtica emoción. Su valor histórico es evidente, y si contiene algunas omisiones interesadas está casi exenta de falsea­mientos.