Jaroslav Hashek

Nació en Praga el 24 de abril de 1883 y m. el 2 de enero de 1923. Innumerables anécdotas hacen de este autor el prototipo del dadaísmo checo. Al prin­cipio, en efecto, fue conocido más bien a causa del carácter extraño de su vida que por las numerosas narraciones publicadas y esparcidas en revistas, diarios y almana­ques. Su vida resultó una epopeya humo­rística, un juego de contradicciones y una maraña de extravagancias. Pasaba los días y las noches en mesones y tabernas: sus biografías (y sobre todo la compuesta por el pintor y actor Emil Artur Longen) ha­blan con insistencia de memorables borra­cheras. Impulsado por un ilimitado afán de libertad, de 1904 a 1908 mostróse partidario del anarquismo, al que se adhirieron enton­ces poetas como Neumann, Gellner, Toman y Mahen.

Movido siempre por el afán de cambiar de lugar y profesión, fue depen­diente de una droguería, estudiante de la Academia de Comercio, vagabundo, emplea­do de banca, redactor de periódicos de todas las tendencias e incluso de revistas cien­tíficas, tratante en perros y candidato polí­tico; en 1911 fundó un grotesco «Partido del progreso moderado en el ámbito de la ley», que fingía una torpe lealtad hacia el régimen austro-húngaro. Al estallar la pri­mera Guerra Mundial acogió favorablemen­te su movilización en febrero de 1915, pero aprovechó la primera ocasión para pasarse a las filas rusas (1916). En Rusia cooperó inicialmente con las legiones checoslovacas que luchaban contra Austria por la inde­pendencia de la patria, y fue, en Kiev, redactor del periódico Checoslovan; luego, en 1918, ingresó en el Ejército rojo, y hasta 1920 combatió con los soviéticos (se dice incluso que durante cierto tiempo llegó a ser comisario de provincia).

En otoño de 1920 volvió a Praga con una mujer que pre­sentó a los amigos como princesa rusa. En­tre este año y 1923 escribió El buen soldado Shveik (v.). Una serie de prospectos en ama­rillo y negro anunció a los habitantes de la capital checoslovaca la publicación de la novela en fascículos de a dos coronas, lle­vada a cabo con gran éxito por el editor y humorista Franta Sauer; fue ésta una ardua empresa, por cuanto H. abandonaba el trabajo y se perdía en las tabernas, que Sauer había de recorrer en su busca para obtener de él la continuación de la obra. Para apartarle del círculo encantado de las cervecerías de Praga los amigos le llevaron a la localidad de Lipnice, donde H. murió antes de haber acabado la novela, cuyas partes quinta y sexta escribió, aun cuando con menor éxito, el periodista Karel Vanek (1887-1933). La figura de Shveik ha inspi­rado repetidamente a pintores, autores tea­trales y guionistas cinematográficos; recor­demos las máscaras y los muñecos grotescos ideados por George Grosz para la repre­sentación de El buen soldado Sfiveik en el teatro berlinés de Erwin Piscator (1927), y los dibujos de Josaf Lada.

A. M. Ripellino