Jane Austen

Nacido el 16 de diciembre de 1775 en Steventon (Hampshire), m. el 18 de julio de 1817 en Winchester.

Hija del párroco de Steventon, pasó toda la vida en­tre las paredes domésticas, así es que los episodios de su vida son los comunes a toda la familia: estancias más o menos largas en Bath, en Londres, en Southampton, en Chawton, junto a Alton; muerto el padre a principios de 1805, el ambiente familiar, reducido a una viuda y a hijas solteras, se contrajo, ya que el círculo de amistades quedó limitado a señoras que se encontra­ban en circunstancias semejantes.

Jane era la última de cinco hermanos y hermanas: los hermanos habían abandonado la casa para servir en la Marina; tras la muerte de la mujer de Edward (octubre de 1808), Jane, junto con su hermana predilecta Casandra, se encargó de la educación de una nidada de sobrinos, porque Edward tuvo once, en­tre niños y niñas; Jane era incansable en sus invenciones para entretener a los niños.

El sobrino de Austen y su primer biógrafo, James Edward Austen-Leigh, anota: «Es sor­prendente cómo pudo escribir sus novelas, ya que no había en casa un gabinete donde pudiera retirarse sola y gran parte de su obra tuvo que realizarse en la sala común, a merced de todo género de interrupciones casuales.

Se preocupaba mucho de que su ocupación no fuera sospechada por los cria­dos o los visitantes o cualquiera en general que no fueran las personas de la familia.» El deseo de entretener al círculo familiar fue el primer móvil que la impulsó a escri­bir: compuso así esbozos burlescos, un pe­queño volumen de relatos en forma epis­tolar (Love and Friendhip), y también en forma epistolar, puesta en boga por S. Richardson, la novela (hoy perdida) Elinor and Marianne (anterior a 1796), que des­pués fue refundida en forma narrativa en Juicio y sentimiento (v.).

En este período debió escribir también otro relato en forma epistolar, Lady Susan. Orgullo y prejuicio (v.), que se titulaba en su primera redac­ción First Impression, fue iniciado en 1796, rechazado por un editor en 1797 y revisado antes de la publicación, que no tuvo lugar hasta 1813.

En 1797-98 escribió La abadía de Northanger (v.), que preparó para la impresión en 1803; pero no vio la luz hasta 1818. Desanimada al no encontrar editor, había dejado de escribir cuando la acepta­ción de Sense and Sensibility (que fue pu­blicado en 1811) y de Pride and Prejudice, la estimuló de nuevo a trabajar; así fueron compuestas El parque Mansfield (v.), pu­blicada en 1814, y Emma (v.), escrita entre 1814 y 1815 y publicada en 1816.

Esta no­vela, dedicada al príncipe regente, provocó un curioso intercambio de cartas entre Austen y el bibliotecario del regente, el reverendo J. S. Clarke, que dio a Austen la sugerencia de escribir una novela histórica inspirada en los episodios de la Casa reinante (la su­gerencia fue acogida de forma burlesca).

En verano u otoño de 1815 comenzó Per­suasión (v.), que fue impresa en 1818, junto con Northanger Abbey. Su última obra, que en el ambiente familiar era conocida con el título de Sanditon, fue escrita en los últi­mos seis meses de su vida y quedó incom­pleta (no fue editada hasta 1925).

En mar­zo de 1817 sus condiciones de salud (pade­cía de tuberculosis) empeoraron y en mayo se trasladó con su hermana Casandra a Win­chester para recurrir a la ciencia de un conocido médico; allí murió. Lady Susan y The Watsons (fragmentos) fueron publi­cados por J. E. Austen-Leigh en la segunda edición de su Memoir of J. A. (1871.)

Aun­que Walter Scott hiciera una recensión fa­vorable de Emma en la Quaterly Review, el éxito de Austen durante su vida fue muy mo­desto; pocas de sus novelas alcanzaron la segunda edición. Sólo a partir de 1890 se fueron multiplicando las biografías y las críticas encomiásticas que hicieron desco­llar el arte clásico de Austen, para representar con sobrios y a menudo maliciosos rasgos el pequeño mundo provinciano en que pasó su vida monótona y breve.

Un poco rígida, «perpendicular», pero no exenta de atrac­tivo, de lenguaje mordaz, pero tierna de corazón, esta escritora aristocrática siente toda la aversión de una criatura exquisita­mente razonable contra todo lo desorbitado, lo desordenado, agitado, exuberante, arro­llador. La lección que puede deducirse de sus obras, como de las de Addison o del doctor Johnson, es sustancialmente ésta: se­guid la razón.

M. Praz