Jacques-Pierre Brissot de Warville

Nació en Chartres el 14 de enero de 1754 y murió en París el 31 de octubre de 1793. Luego de haber estudiado leyes sintióse atraído por las teorías de Rousseau, algunas de cuyas ideas fundamentales adoptó y trasladó a un plano jurídico.

En su obra Investigaciones filosóficas sobre la propiedad y sobre el robo (v.), publicada en 1780, aparecen, efectiva­mente, alusiones idénticas a las leyes de la naturaleza y la misma condenación de la propiedad, considerada un robo.

Sin embar­go, a estas premisas tan audaces y radica­les no corresponden, como solía ocurrir en­tre los escritores franceses antes de la Re­volución, conclusiones equivalentes, por cuanto Brissot se contentaba con pedir penas más suaves para los ladrones.

El año siguiente publicó Les moyens d’adoucir les rigueurs des lois pénales en France, de tema más estrictamente jurídico. En 1788 fundó la so­ciedad «Amis des noirs», que trataba de contribuir a la abolición de la esclavitud.

Llegado a los Estados Unidos, frecuentó allí, como dice Jaurès, a los cuáqueros, y creyó haber hallado una comunidad perfectamen­te de acuerdo con su ideal; en 1787 publicó su primer texto acerca de los Estados Uni­dos, país que comparaba a Francia (De la France et des États-Unis), y en 1791 una relación de otro viaje al mismo país en tres tomos (Nouveau voyage dans les États-Unis de l’Amérique septentrionale).

Al produ­cirse la Revolución francesa fundó inme­diatamente un periódico (Le Patriote Fran­çais), que salió hasta 1793, y fue elegido diputado por el departamento Eure-et-Loire. Tras haber sido uno de los escritores más audaces del anden régime (en 1784 llegó a ser encerrado en la Bastilla por un es­crito, Le diable dans un bénitier), Brissot fue inclinándose poco a poco hacia la derecha.

Jefe de los girondinos, denominados preci­samente por ello también «brissotinos», pro­testó vivamente contra el intento de pre­sentarle como enemigo de toda propiedad, y, en enero de 1793, se opuso a la decisión por la cual la Convención decretó sin reservas la muerte del rey. Habíase mostrado favora­ble a la guerra esperando lograr con ella la paz definitiva dentro de la libertad uni­versal y la salvación del monarca; pero vio fracasados todos sus proyectos, y no le que­dó más opción que la de aguardar lo peor.

Acusado por los jacobinos (Jaurès, empero, rinde homenaje a su probidad), fue guilloti­nado en octubre de 1793. En 1830 aparecie­ron sus Mémoires sur ses contemporains et la Révolution Française, en las que el autor tiende a ofrecer una imagen moderada de sí mismo.

F. Catalano