Jacques-Paul Migne

Nació en St. Flour (Cantal) el 25 de octubre de 1800, murió en París el 24 de octubre de 1875. Inclinado a la carrera eclesiástica en 1817 por el abate Salesse, fue profesor en el Colegio de Cháteaudun, después párroco en Aillant- sur-Milleron, Charme, Dammartin, Auxy y Puiseaux. Sensible a los trastornos políticos, sociales y espirituales de su tiempo, hizo oír su voz en un opúsculo autodefensivo titulado De la liberté, para un progre (1831). El escrito fue desaprobado por la autoridad eclesiástica, la cual, sin embargo, ayudó a Migne cuando éste quiso trasladarse a París para dedicarse íntegramente al periodismo. El 3 de noviembre de 1833 comenzaba la publicación de l’univers religieux, politi­que, scientifique et littéraire. «Presentamos aquí — escribía Migne — las nociones más cató­licas sobre las cuestiones de actualidad más interesantes: danzas, bailes, teatros, nove­las, empréstitos, impuestos, divorcio, esti­pendio del clero…». Desilusionado por la escasa resonancia que obtuvo, en 1836 cedía el periódico a M. Bailly, de cuyas manos pasará a continuación a las de M. L. Veuillot.

Migne reanudará la batalla periodística de 1846 a 1860, pero ya como un hecho margi­nal de la actividad de Migne. Dejaba el Univers para dedicarse a una obra mucho más gran­diosa, la «Biblioteca Universal del Clero», la cual debía recoger en 2000 volúmenes, de formato y carácter enciclopédico, las obras más significativas del saber eclesiástico. Dos años después, la imaginación, la inteligen­cia, la tenacidad y la audacia de un hombre casi desprovisto de medios habían hecho surgir de la nada los «Atteliers Catholi­ques», en los cuales, durante treinta años (1838-68), un ejército de obreros, de estu­diosos, de técnicos, de eruditos, de correcto­res de todas las naciones (entre los cuales no pocos sacerdotes en condiciones difíci­les), bajo la dirección de Migne, publicaron más de 1100 de los 2000 volúmenes proyec­tados.

Entre las colecciones más importan­tes, son dignas de señalar: Scripture Sacrae cursus completas (25 vols.), Theologiae cur­sus completus (25 vols.), Démonstrations évangéliques des plus célebres défenseurs du Christianisme (20 vols.), Première ency­clopédie théologique (52 vols.), Nouvelle encyclopédie (53 vols.), Troisième encyclo­pédie (66 vols.), Cours complet d’histoire ecclésiastique (27 vols.), Summa aurea de laudïbus B. Mariae Virginis (13 vols.). Pero la fama más duradera de Migne está vinculada al Patrologiae cursus completus (v. Patrologia griega y latina), recopilación de todos los escritos de la tradición cristiana, para cuya realización nuestro autor debió mucho a la colaboración científica del docto bene­dictino, futuro cardenal, P. Pitra. Todas las obras conocidas de los Padres de la Iglesia y de los escritores eclesiásticos antiguos, en las mejores ediciones ya existentes o en manuscritos, afluyeron de todas partes de Europa a los estudios de Migne, donde fueron ordenadas cronológicamente, enriquecidas con notas críticas e ilustrativas y publicadas por el siguiente orden: Patrología latina (1844-1855) en 218 vols., desde Tertuliano hasta Inocencio III; Patrologia griega, desde Bernabé hasta el Concilio de Florencia, en dos ediciones, greco-latina (1857-1866), en 166 volúmenes, y latina (1856-67), en 85 volúmenes.

En 1868, un incendio destruyó casi por completo los «Atteliers», arruinando la empresa editorial. Migne no se arredró; lu­chando desesperadamente contra el destino no eludió medios insólitos para procurarse dinero, como el tráfico de minas, que la autoridad eclesiástica prohibió severamente. Pero la obra titánica estaba ya terminada. Aun dentro de los inevitables límites de los conocimientos técnicos y científicos del si­glo XIX, el Cursus Patrologiae de Migne ha quedado como un monumento inigualado en la historia de la cultura y es instrumento indispensable de trabajo científico incluso en el siglo XX.

P. Rossano