Fray Servando Teresa de Mier

Polí­tico, orador y sacerdote mejicano, nació en Monterrey el 18 de octubre de 1765, murió en Méjico el 15 de diciembre de 1827. De fa­milia muy acomodada, ingresó, casi niño, en la Orden de Predicadores, doctoróse en Teología y se hizo pronto famoso por sus dotes oratorias. Como consecuencia de cier­tas afirmaciones temerarias expuestas en un sermón sobre la Virgen de Guadalupe, ante las autoridades virreinales, el arzobispo Núñez de Haro lo tachó de hereje y, en consecuencia, sus palabras fueron condena­das públicamente en todas las iglesias; pro­cesado y encarcelado, se le inhabilitó para el púlpito y el confesionario y se le desterró a España, donde había de permanecer re­cluido durante diez años, en un convento de Santander (1794); tras seis intentos frus­trados, logró escapar a Francia, donde se ganó el sustento dando clases de español.

El papa le concedió, a ruegos suyos, la se­cularización, en 1802; fue secretario de la Embajada de España en Lisboa, prelado doméstico de Pío VII, y capellán castrense de los voluntarios de Valencia frente a los ejércitos de Napoleón, que lo hicieron pri­sionero. Atendiendo a sus méritos, el go­bierno español le concedió una pensión que no quiso aceptar. Durante la lucha por la independencia de Méjico fue perseguido y encarcelado por sus escritos, y al constituirse la nación mejicana fue diputado y enemigo de Iturbide. Cuando se sintió morir convocó a sus amigos para despedirse de ellos y pronunció un bello discurso, el último de su vida, e hizo profecías sobre el futuro de su país. Enterrado en un convento dominico, fue varias veces exhumado y trasladado; sus restos descansan hoy en el Museo de la Plata. Carlos González Peña dice de sus Memorias (v.) que tienen tanto de novela vivida como de libro de viajes. Escribió también una Historia de la Revo­lución de la Nueva España (v.) que debe tenerse en cuenta.