Jacopo Peri

Nació en Roma el 20 de agosto de 1561 y murió en Florencia el 12 de agosto de 1633. De noble familia florentina, fue discípulo de Cristofano Malvezziy y en 1589 tomó parte en la composición y en la eje­cución de los Intermedii con motivo de las bodas del gran duque Fernando. Peri cantó la monodia Dunque fra torbide onde «con arte maravilloso»: fragmento eminentemente vocalístico, señala ya una nueva manera de canto. Ésta se afirma plenamente como «estilo recitativo» con el drama Dafne (v.), compuesto por Peri (convertido ahora en pre­eminente miembro de la llamada «camerata florentina») en 1594 con texto de Ottavio Rinuccini. Peri, que desempeñó el papel de Apolo por su maestría como cantante, escribió más tarde que había intentado eje­cutar un modo de canto que representara «una moderada transacción entre los movi­mientos del canto indecisos y lentos y los del lenguaje rápidos y veloces».

El éxito de Dafne le valió a Peri el encargo de escri­bir una nueva ópera para las fiestas nup­ciales de María de Médicis con Enrique IV de Francia. Tal fue la Eurídice (v.), tam­bién con libreto de Rinuccini, ejecutada por primera vez en Palacio Pitti el 6 de octu­bre de 1600, desempeñando el autor el pa­pel de Orfeo. Eurídice (cuya partitura se publicó en 1601) es la primera obra con música que se haya conservado hasta nues­tros días. Las otras óperas escritas por Peri, la Tetide (1608) y el Adone (1620), no se re­presentaron nunca. En 1609 publicó Peri en Florencia Le varié musiche, colección de madrigales a una, dos y tres voces y sin interrupción, de gran interés, bien por el estilo recitativo, bien por su combinación y contraposición con pasajes de carácter airoso y cantable. «Director principal de la música y de los músicos» y más tarde «camarlengo general» con Cosme II, estuvo ocupado continuamente Peri en la prepara­ción y composición de música para fiestas, bailes y entretenimientos de la Corte, de la que nos ha quedado muy poco.

En 1628 escribió Peri la parte de Clori en la Flora de Marco de Gagliano; muestra allí haber «abandonado casi por completo la recita­ción cantada sustituyéndola por la melodía acentuada y al mismo tiempo autónoma musicalmente en la forma de establecer los períodos y la conclusión» (A. Della Corte).

C. Marinelli