Giovan Battista Pergolesi

Nació en Iesi el 4 de enero de 1710 y murió en Pozzuoli el 16 de marzo de 1736. De ingenio precoz, apren­dió los primeros elementos de la música en su localidad natal, e hizo tan rápidos progresos que indujeron a su protector, el marqués C. M. Pianetti, a enviarlo a Nápoles, donde estudió el violín con Domenico De Matteis y el contrapunto con Gaetano Greco y con Durante. Pretende la tradición que ingresó en el Conservatorio de los Po­bres de Jesucristo; pero su nombre no figura en el registro de los alumnos de aquel ins­tituto. Se dedicó primeramente a la música religiosa, y precisamente dos oratorios, es­critos en 1731, le valieron una cierta noto­riedad: La morte di S. Giuseppe y La conversione di S. Guglielmo d’Aquitania.

En el invierno del mismo año hizo representar Pergolesi en el teatro S. Bartolomeo de Nápoles Salustia, ópera seria en tres actos, con los entremeses Amor fa l’uomo cieco, pero no le sonrió la fortuna en estos trabajos, a los que siguió un nuevo melodrama serio, Ricimero, acogido también por el público de modo desfavorable. Esta circunstancia determinó quizá que el músico se apartara durante algún tiempo de la escena. Pero fue una pausa de pocos meses, durante los cua­les se dedicó a componer música religiosa y de cámara para los conciertos privados del príncipe de Stigliano, del cual era maes­tro de capilla desde 1732, y compuso las Sonate, para dos violines y contrabajo. El otoño de 1732 marca el retorno de Pergolesi a la ópera con la comedia sentimental en dia­lecto napolitano Lo frate ’nnammorato (v.) que obtuvo feliz éxito en el teatro de Fiorentini. El año siguiente escribió, para el teatro S. Bartolomeo, Il prigionero superbo; pero debió el éxito, más que a la ópera, a los entremeses de La criada dueña (v.), que tuvieron una acogida entusiasta y que pronto dieron fama europea a Pergolesi.

Este éxito marcó quizá el único intervalo tran­quilo en su breve existencia. En efecto, las óperas siguientes, y en especial los melo­dramas serios, en los que basaba las mayo­res esperanzas, tuvieron acogida hostil y fría. En octubre de 1734 era representada Adriano in Siria, con libreto de Metastasio, con el entremés Livietta e Tracollo (v.) ejecutado más tarde separadamente con el título La contadina astuta. El fracaso más ruidoso correspondió a Olimpíada (v.), es­crita el año siguiente para el teatro de Tordinona de Roma, con el famoso texto de Metastasio. Durante la representación, el autor tocaba el clavicémbalo y casi quedó aterrorizado ante el griterío del público. Volvió a Nápoles muy desanimado; y no le sirvió de compensación a este fracaso la favorable acogida que obtuvo el mismo año Flaminio, comedia sentimental en tres ac­tos.

Estaba ya enfermo de tuberculosis; poco después, ante la agravación de la enferme­dad, se retiraba al convento de francisca­nos de Pozzuoli, y allí moría, después de haber dado la última mano a su canto pos­trero, el Stabat Mater (v.). El arte de Pergolesi constituye una de las más sugestivas expresiones de la música del siglo XVIII, por la sencillez armoniosa de sus formas y el tono íntimo y tierno del sentimiento, que encuentra, en un aristocrático pudor, su medida espontánea y confiere a la línea melódica un maravilloso vuelo.

V. Terenzio