István Gyöngyösi,

Nació en Radvánc en 1624 y murió en Csetnek el 24 de julio de 1704. Poeta épico húngaro, fue hijo de un gentilhombre rural protestante, y estudió en el colegio calvinista de Sárospatak. Su cultura, basada en las tradiciones patrias de sus antepasados y de sello latino-clásico, experimentó una completa y rápida transformación cuando G., llegado a secretario y jurisconsulto del palatino Francisco Wesselényi, pudo conocer de cerca el fasto ba­rroco, la vida irreflexiva y los gustos litera­rios modernos de los medios aristocráticos. Complicado en una conjuración dirigida por su señor, fue detenido, y, a fin de congra­ciarse la corte de Viena, durante el proceso abrazó el catolicismo. Tal conversión, que no dejó de renovar íntimamente su senti­miento religioso, transformó por completo a G. de tradicionalista y puritano de naci­miento en un auténtico representante del espíritu barroco de la Contrarreforma.

Sus narraciones épicas, historias de amores feli­ces y bodas de altas personalidades contem­poráneas, nada tienen de común con la epopeya heroica precedente. El mundo del autor resulta galante, amable y alegre, y sus personajes, más bien que héroes, parecen enamorados de los antiguos mitos y poseen una vida que no es sino una ininterrum­pida sucesión de dulces pasatiempos y poé­ticos solaces. La grandeza épica y la sabia estructura ceden el paso a la levedad y a la caprichosa marcha de los episodios; domina el conjunto el detalle repleto de imágenes afectadas y artificios estilísticos, y de los modelos clásicos únicamente Ovidio llega ya al corazón del poeta. La fama de éste deriva principalmente de La Venus de Murány aliada de Marte (v.); pero fue también grande la popularidad de un ciclo de poesías religiosas, Corona de rosas [Rózsakoszorú], de pura inspiración católica; largo tiempo, aun cuando sólo a escondidas, anduvo de mano en mano su texto Las insidias de Cu­pido [Csalárd Cupido], cuya refinada sen­sualidad erótica no tiene parangón en la antigua literatura húngara.

Los contemporá­neos, empero, apreciaban en G. al agudo jurista más bien que al renovador del estilo épico magiar; y así, su actividad de abogado procuróle una considerable fortuna y el honor de repetidas elecciones a subprefecto (vicecomes) del condado de Gömör.

E. Vàrady