Isolde Kurz

Nació el 21 de diciembre de 1853 en Stuttgart y murió el 4 de abril de 1944 en Tubinga. Hija del célebre escritor Hermann Kurz (1813-1873), amigo de Mórike y de Paul Heyse, vivió primeramente en un pue­blo, junto con sus numerosos hermanos, y luego en Tubinga, una vez el padre hubo ocupado el cargo de bibliotecario de la Universidad local. Fue una niña muy pre­coz: a los tres años sabía leer y escribir, y a los doce componía tragedias según el estilo de Voltaire y leía textos griegos. Po­seyó un carácter fantaseador y rebelde a lo convencional.

Tras la muerte de su padre toda la familia se trasladó a Florencia; allí la muchacha halló su segunda patria y permaneció más de cuarenta años. Apreció mucho a Italia, país que transformó casi en un mito romántico, alimentado por sus estu­dios sobre la vida renacentista, que utilizó como fondo en su obra narrativa. Diose a conocer en 1888 con un volumen de compo­siciones líricas; el año siguiente apareció la primera colección de narraciones, Cuen­tos florentinos (v.), que revela ya las me­jores características de su arte. Siguieron luego otros tomos de cuentos, poesías y re­cuerdos autobiográficos, fruto de una in­tensa actividad que duró hasta el principio de la primera Guerra Mundial.

De nuevo en Alemania, vivió en Munich, donde publicó su otra obra maestra, Las noches de Fondi (v.). Más tarde volvió repetidas veces a Italia, aun cuando ya no para permanecer largo tiempo en este país. Siguió escribiendo hasta una edad muy avanzada, y su prosa, moderada y plácida, alcanzó nueva sutilidad y tendió a la evocación del pasado; así ocurre en la novela Vanadís (v.) y en los recuerdos de Peregrinación a lo inac­cesible (v.).

V. M. Villa