Immanuel Romano

Nació en Ceprona, cer­ca de Roma, en 1268 ó 1270 (según el histo­riador C. Roth en 1261) y murió en Fermo de 1328 a 1330 (con seguridad, empero, no des­pués de 1336). Por la pureza de su lenguaje, la vivacidad de las imágenes y la capacidad de expresión se le considera el cultivador más notable de la poesía hebraica en Italia. Amigo de Bosone de Gubbio, Ciro de Pistoya y, posiblemente, de Dante, llegó, si­quiera partiendo del esquema rítmico y estrófico de la poética hispano-judía, a las formas y modelos de la poesía italiana; se le debe, sobre todo, la introducción del soneto en la lírica hebrea. El contenido de sus obras — por él reunidas en Fermo en 1328 bajo el título de Composiciones de ‘Im­manuel [Mahberóth ‘Immanuel], e impresas inicialmente en Brescia por Gerson ben Moshé Soncino, en 1491 — revela notable­mente la influencia de los autores poéticos italianos: en ellas aparece cantado el amor de una manera impropia de los poetas he­breos, frívola a veces, si no licenciosa (lo cual perjudicó su consideración por los eru­ditos judíos); no obstante, contienen asimis­mo severas críticas a las pasiones humanas, elogios a la ciencia y sublimes himnos religiosos.

Obligado a salir de Roma en 1321, Romano vagó por Umbría y las Marcas, donde fue huésped de ricos banqueros hebreos y actuó en ciertas ocasiones como preceptor o se­cretario; estuvo en Orvieto, Perugia, Gubbio, Ancona y, finalmente, en Fermo; parece haber vivido breve tiempo en Verona, de la corte de cuyos señores, los Scaligeri, ofrece una exaltación de ritmo rápido en su copla Bisbidis, que con cinco sonetos integra toda su producción poética italiana. Romano fue, ade­más, gramático y exégeta bíblico; su pri­mera obra impresa — en 1487, en la tipo­grafía napolitana de Joseph ben Jacob Günzenhausen — es precisamente un comen­tario al libro de los Proverbios, de Salomón. En tales actividades, empero, y a pesar del elevado concepto de sí mismo que expresa en hiperbólicos elogios, nuestro autor revela un valor muy limitado.

R. Elia