(Vulgarmente Hirayama Tōgo). Nació en Ōsaka en 1642 y murió en 1693. Pertenecía a una familia burguesa de acaudalados comerciantes, acerca de la cual no se conoce casi nada. Perdió muy pronto a la esposa y la hija, ciega; profundamente apesadumbrado, confió entonces el negocio que de su padre heredara a un empleado, y, ya libre, inició una larga serie de viajes a través de todo el Japón. Inicialmente sintióse atraído por el «haiku», forma poética en diecisiete sílabas y muy de moda en aquellos tiempos. Hacia 1676 era discípulo de Nishiyama Sōin (1605-81), fundador de la escuela de «haikai» denominada Danrin, y de la cual fue uno de los mejores representantes.
Se han hecho célebres sus exhibiciones públicas de «yakazu-haikai» (literalmente «haikai» numerosos como flechas), en las que tenían efecto competiciones de velocidad en la improvisación de la mayor cantidad posible de «haikai»; se dice que en un solo día llegó a componer hasta cinco mil A la muerte de Sōin (1681), I. S. abandonó la poesía y dedicóse a la prosa, indudablemente porque, dotado por naturaleza de un agudísimo espíritu de observación, experimentaba la necesidad de describir el mundo contemporáneo y las experiencias e impresiones de sus largos viajes y de sus aventuras, en particular de las amorosas. De esta suerte, a los cuarenta años publicó su primera novela, La vida de un libertino [Kōshoku ichidai otoko, 1682], que obtuvo un gran éxito y marcó el principio de la brillante carrera del autor como escritor y novelista; con tal obra inauguró éste un género nuevo, el «ukiyo-zōshi» (novela de costumbres o realista).
En 1686 aparecieron La vida de una mundana (v. Kōshoku ichidai onna) y Cinco mundanas [Kōshoku gonin onna], sus dos mejores producciones. En los últimos años de su vida abandonó el género erótico y dedicóse a componer textos narrativos de carácter didáctil en los que negaba todo valor práctico a la laboriosidad y a la prudencia y consideraba el provecho como meta suprema de todas las actividades humanas; en este campo cabe situar, por ejemplo, entre otras obras, El eterno almacén del Japón [Nihon eidai- kura, 1688] y Los cálculos mentales en la vida humana [Seken mune sanyo, 1692]. La producción de I. S. es un espejo de la vida, los gustos y las tendencias de los «chōnin» (los burgueses o habitantes de las ciudades) de su época; sus cuadros realistas y sus descripciones eróticas resultan extremadamente audaces y llegan incluso a la obscenidad y a la pornografía.
Sin embargo, considerada desde un punto de vista estilístico la obra de nuestro autor supone en realidad algo nuevo; minucioso observador y verídico hasta la brutalidad, describe, mediante períodos llenos de nervio, cortantes y con una concisión a veces oscura, pero también vigorosos y de un colorido inimitable, y con el auxilio de todos los recursos de la lengua corriente, así de la antigua como del japonés puro o del chino- japonés. Por todo ello tiene derecho a un lugar eminente dentro de la literatura de su país.
Y. Kawamura

