Hugues-Félicité-Robert de Lamennais

Nació en Saint-Malo el 19 de junio de 1782 y murió en Paris el 27 de febrero de 1854. Tem­peramento místico y polémico, sintetizó en sí mismo la doble tendencia de la época romántica, el amor a la libertad y el rena­cimiento de la fe cristiana, en una Europa renovada; ello dio lugar a la disputa desata­da en torno a él y a la consiguiente condena eclesiástica. Influido por su hermano Jean, recibió en 1809 las órdenes menores. En colaboración con él escribió las Réflexions sur l’état de l’Église en France pendant le dix-huitième siècle et sur la situation ac­tuelle (1809), obra apocalíptica dirigida contra el racionalismo y mística exaltación de la Iglesia. Sus propósitos de escritor re­sultan casi un intento de conversión pro­pia destinado a la de los demás en La tradition de l’Église sur l’institution des évêques, texto ultramontano y antinapoleónico. Se delineaba ya netamente en el autor una postura antigalicana de oposición al triunfo del Estado sobre la Iglesia. Lamennais fue ordenado sacerdote el 9 de marzo de 1816, sin que poseyera una vocación firme.

En 1817, en su Ensayo sobre la indiferencia en materia de religión (v.) siguió manifestando todavía su aversión al racionalismo, y pro­testó contra el indiferente letargo que domi­naba a Europa: «el siglo más enfermo no es precisamente el que se apasiona por el error, sino el que desprecia la verdad». Monárquico, participó, con Chateaubriand, en la campaña ultrarrealista, y junto con De Bonald fundó Le Défenseur. En 1818 De Maistre envióle un ejemplar de El Papa (v.), y Bonald las Recherches philosophiques. En favor de la autoridad de la Iglesia católica publicó aún, en 1825-26, La religion consi­dérée dans ses rapports avec l’ordre poli­tique et civil. Su fascinadora palabra influyó en los espíritus más diversos: en Montaiembert, Lacordaire, Lamartine, Sainte-Beuve, Victor Hugo, Gioberti y Mazzini. En 1829, luego de su alejamiento del partido monár­quico debido a los excesos de éste, mani­festó su hostilidad al dominio del rey sobre la Iglesia en Du progrès de la révolution et de la guerre contre l’Église.

Después de la revolución de Julio, y a través de una viva polémica, fue exponiendo en L’Avenir (v.) su tesis, que había de tener un gran desa­rrollo en la historia del liberalismo cató­lico, y defendió la alianza del catolicismo ultramontano con la doctrina liberal. Tal actitud dio pie a la campaña desatada con­tra el autor tanto por el gobierno de Luis Felipe como por el episcopado francés. Lamennais dirigióse a Roma y trató de aclarar su posición y su pensamiento. La respuesta oficial de la Iglesia no se hizo esperar: Gregorio XVI condenó L’Avenir en la en­cíclica Mirari vos. Los partidarios del es­critor se sometieron, y su grupo quedó disuelto. Lamennais, empero, no quiso ceder, y dio nuevamente la alarma respecto de la deca­dencia de Francia y de Europa en Palabras de un creyente (1834, v.). El entusiasmo suscitado por el texto en cuestión fue tan grande que se hacía cola junto al Odéon para su lectura a un tanto por hora; el libro conmovió a todos los espíritus sensi­bles de la época, y alcanzó una venta de cien mil ejemplares, a pesar de su condenación por Gregorio XVI en la encíclica Singulari nos.

La oposición de Lamennais — escritor y ya no clérigo — al Papado se manifestó en Troisièmes mélanges y en Asuntos de Roma (1836, v.), y apareció confirmada en El libro del pueblo (1837, v.), catecismo de los derechos y deberes populares respecto al excesivo amor propio, que apaga el del prójimo. En adelante, y para subrayar mejor su alejamiento del pasado, cambiaría el nombre La Mennais en Lamennais. Siempre defensor de la libertad, en 1840 fue conde­nado a un año de reclusión por su opúsculo Le pays et le gouvernement. Participó en los acontecimientos de la Segunda Repú­blica, formó parte de la redacción de Le peuple constituant, y llegó a diputado de la Asamblea Constituyente. Reelegido un año después, votó contra la expedición a Roma. Tuvo siempre fe en la democracia, incluso tras el triunfo de Luis Napoleón.

G. Santonastaso