Hsün Ch’ing

(Seudónimo de Hsün K’uang). Legista y político chino que vivió durante el siglo III a. de C. y floreció entre los años 298 y 238; desconocemos, empero, las fechas de su nacimiento y de su muerte. Oriundo del antiguo estado de Chao (que abarcaba las regiones meridionales de las actuales provincias de Hopeh y Shansi), estableció­se, ya cumplidos los cincuenta años, en el de Ch’i (Shantung), se dedicó a la ense­ñanza y logró obtener fama e ingresar en la carrera administrativa.

Víctima de ca­lumnias, empero, hubo de refugiarse en el estado de Ch’u, donde, en Lan-ling (Shan­tung meridional) desempeñó el cargo de magistrado. En 228, tras la muerte de su protector el príncipe Ch’un Shên, hubo de abandonar el puesto, aun cuando no el estado de Ch’u, donde reanudó su activi­dad filosófica y docente. Entre sus discípu­los más célebres figuraron Li Ssû y Han Fei (v.). De él ha llegado hasta nosotros una obra en treinta y dos secciones, algu­nas de ellas no auténticas; el libro en cues­tión, titulado Hsün Tzû (v.), no ha sido elevado a la dignidad de «clásico»; pero, con todo, su autor llegó posiblemente a ejercer sobre el naciente confucianismo una influencia superior a la de Mencio (v.), de quien fue contemporáneo.

Menos apreciado que éste por sus compatriotas debido a su menor ortodoxia, resulta, además, menos brillante, pero en cambio, indiscutiblemen­te, más profundo. El análisis de la obra en cuestión revela su odio contra el mal gobierno y la corrupción que en aquellos tiempos azotaban China; el autor expone a la pública execración a los príncipes mal­vados e ineptos, que no conformaban su conducta a las normas del Tao. A diferen­cia de los seguidores de Confucio y de Mo Ti sostiene la maldad fundamental de la naturaleza humana, susceptible, no obstante, de perfeccionamiento a través de la edu­cación. H. es, posiblemente, el único pen­sador original del confucianismo.

M. Benedikter