Hsü Shên

(Apelativo honorífico, Shu Chung). Se desconoce la fecha precisa de su nacimiento en Shao-ling (Honan) y murió hacia el año 120 de nuestra Era. Insigne lexicógrafo chino, desempeñó durante algún tiempo cargos oficiales, pero luego se re­tiró y dedicóse a la investigación arqueo­lógica y lingüística. Por aquel entonces la escritura china, existente hacía ya más de1.500 años, había sufrido varias evolucio­nes: una referente a la composición de los caracteres y otra a la técnica caligráfica. De la fase pictográfica primitiva, descu­bierta el siglo pasado en An-yang (Honan), había pasado entonces a la fonética e ideo­gráfica, vinculada a una progresiva trans­formación caligráfica de los caracteres.

Ha­cia el año 1000 a. de C. las variaciones eran ya muy acusadas; en torno a 800 quedó fijado un tipo más uniforme, llamado «ta chuan» o «gran escritura de sellos», y en 213 el ministro Li Ssü publicó otro catálogo en el que simplificaba los caracteres anti­guos y sustituía con los nuevos los más in­trincados, en un sistema denominado «hsiao- chuan» o «pequeña escritura de sellos». Bajo la dinastía Han (208 a. de C.-220 d. de C.), la invención de la tinta, el papel y los pin­celes dio lugar a una arbitraria y peligrosa transformación de los caracteres; aparecie­ron la escritura llamada «hsing-shu» o de la «mano corriente», aún bastante inteligible, y la «ts’ao shu» o «escritura herbiforme», cursiva y abandonada frecuentemente a la libre fantasía de los amanuenses.

En poco tiempo los caracteres chinos habían llegado a un estado caótico, lo cual imponía un dic­cionario-tipo que los fijase para siempre e impidiera su ulterior corrupción. Y, así, H., con una gran paciencia y un buen método científico, reunió todos los caracteres exis­tentes (unos 10.000) y, uniendo a ellos bre­ves explicaciones etimológicas, los clasificó de acuerdo con 540 caracteres-clave o radi­cales. Tal labor dio lugar a su Shuo Wên Chieh Tzû (v.), o diccionario que «habla acerca de la lengua y explica los carac­teres»; se trata del repertorio lingüístico más antiguo, y constituye aún la base de todas las investigaciones etimológicas mo­dernas. A causa de esta obra el autor fue venerado por la posteridad, y su estela co­locada en 1875 en el templo confuciano.

B. Fedele