Honoré de Urfé

Nació en Marsella el 10 de febrero de 1567 (según otros en 1568) y murió en Villefranche-sur-Mer el 1.° de junio de 1625. Su padre pertenecía a una antigua familia de Forez, y su madre estaba empa­rentada con la casa de Saboya. La vida de este autor, tan ilustre por su idealización de la realidad y la naturaleza, resulta muy singular; Honoré, en realidad, no fue un literato profesional, sino un noble que cum­plió intensa y rígidamente sus deberes de clase. Se le educó en el castillo de la Bâtie, y, luego, en el célebre colegio de Toumon. Figuró junto al duque de Nemours, el cual luchaba, en aquella región, en favor de la Liga. Cayó dos veces prisionero; la segunda vez recobró la libertad en Saboya y allí empezó a escribir varias composiciones lite­rarias: poesías religiosas, un poema bucólico y, en prosa, algunas epístolas morales.

Tema de estas elucubraciones es el amor entendido como refinamiento idealista de la vida; tal sentimiento es presentado de una manera platónica, propia del Renacimiento, pero con la adición de una fraseología preciosista que muy pronto convirtióse en característica de una elaboración poética «nueva». Objeto del amor de Honoré era su cuñada Diane de Cháteaumorand, con la cual acabó casán­dose tan pronto como ésta quedó libre tras la anulación de su matrimonio. Poco después de la unión, empero, ambos se separaron previo un acuerdo mutuo, y siguieron con­siderándose amigos. Ignoramos la causa de ello, quizá la rápida mengua de la belleza de Diane. Se trata, en realidad, de un mis­terio del alma de un poeta. El sentimiento amoroso en cuestión aparece transfigurado en La astrea (v.), cuya primera parte vio la luz en 1607 (póstumas, luego de las segunda y tercera, serían publicadas las dos últimas, la cuarta y la quinta).

El autor había ex­presado ya su amor (siquiera en una forma confusa, bajo la alegoría y el velo de las alusiones doctrinales) en las obras anterio­res. En la novela bucólica, esbozada hacia los veinte años, idealiza el galanteo a Diane- Hace de las referencias biográficas un mo­tivo que los elementos literarios transfor­marán profundamente; ello dará lugar, en conjunto, a una obra sentimental y de aven­turas, símbolo de su época. La cultura del autor se había revelado ya con las epístolas morales y el poema pastoral Sireine, de 1604. En la novela del pastor Celidón y la pastorcilla Astrea el estilo del autor se manifiesta en toda su riqueza y exuberancia. Luego de mil peripecias, los protagonistas se casan. La acción de la obra se desarrolla en los tiempos de Meroveo y Clodoveo, pero las costumbres en ella descritas corresponden al período más refinado y preciosista del siglo XVII. El escenario es la región de Forez, y el poeta enmarca debidamente las aventuras de los personajes, gracias al buen conocimiento de una topografía que le era familiar.

A pesar del exceso de divagaciones, La astrea resulta notable como documento histórico; se trata de un texto vinculado a la literatura amorosa propia del período com­prendido entre el Renacimiento italiano y las tendencias espiritualistas francesas del siglo XVI. No muy lejos, por otra parte, queda el mundo de las tragedias de Corneille en cuanto a la valoración del amor y del deber como facultades del perfecto caballe­ro. Por todo ello la obra alcanzó un éxito no sólo mundano; fue, en realidad, un código literario que caracterizó hasta cierto punto el siglo XVII francés. El autor, que murió en el curso de una campaña llevada a cabo por el duque de Saboya contra Génova y España, dejó un recuerdo de per­sonaje activo y franco. Fue un hombre de acción que halló su mayor complacencia en la idealización de la vida, orientada hacia el bien de la patria y los fines de la poesía. Vinculado a los Saboya, vivió asimismo en la corte de Turín, donde sus cualidades al­canzaron notable brillo.

C. Cordié