Hipócrates

Nació en torno a 460 a. de C. en la isla de Cos, y murió hacia 377 en La­rissa (Tesalia). Descendía de una familia de médicos; su padre, Heraoleidas, pertenecía a la famosa escuela de los Asclepiadeos (v. Juramento de Hipócrates), que se trans­mitían de padres a hijos el arte de la me­dicina y asumían el nombre de la divinidad protectora de aquélla. De su padre recibió las primeras enseñanzas H., quien más tarde fue discípulo de un médico de la escuela de Gnido, llamado Heródico. Lo mismo que todos los jonios de su época, sintió una gran pasión por los viajes.

Estuvo sin duda en Atenas, donde su nombre fue ampliamente conocido, por cuanto Platón le cita en Protagoras como médico famoso. Pasó asimismo por Abdera, donde la tradición le pone en contacto con Demócrito, y visitó la Propóntide, Tesalia y, posiblemente, Escitia, Egipto y Libia. Muy pronto su figura quedó en­vuelta en la leyenda; y así, se inventaron muchos episodios respecto a su persona y a su vida, basados parcialmente en cartas apócrifas a él atribuidas. Sin duda hubo de ejercer largo tiempo la medicina en su ciudad natal. La escuela de los Asclepiadeos alcanzó gran fama gracias a H. Parece improbable, en cambio, su pretendida inter­vención en la peste de Atenas. En el siglo II d. de C. existía aún en las cercanías de Larissa la tumba de este célebre médico.

Bajo su nombre apareció en la Antigüedad una colección de textos de medicina, el Corpus hippocraticum (v.); pero sólo unos cuantos de ellos pueden atribuirse con se­guridad a H. Importantes son los Aforismos (v.), que, muy leídos durante la Edad Me­dia, fueron el libro principal de todas las escuelas médicas de Europa. Algunas intui­ciones geniales permiten vislumbrar en las enseñanzas hipocráticas la base de la Medi­cina moderna.

L. Marzo Raminella