Henryk Sienkiewicz

Nació en Wola Okrzejska el 6 de mayo de 1846 y murió en Vevey el 15 de noviembre de 1916. Hijo de una familia perteneciente a la nobleza campe­sina, formóse en un ambiente rural donde se mantenían vivas las tradiciones polacas. Estudió en Varsovia, y luego ingresó en el periodismo. Dedicóse, al mismo tiempo, a la publicación de cuentos y novelas; así, En vano [Na Marne] y Humorísticas de la carpeta de Worszyllo [Humor eski z teki Worszylly, 1872-73]. Sin embargo, las obras que le valieron inmediatamente el interés de toda Polonia fueron El viejo servidor [Stary siluga] y Ana [Hania], en las que reconstruye el ambiente de su casa a tra­vés de una delicada narración. De 1876 a 1879 viajó por California, Francia e Italia; posteriormente estuvo en España, Grecia, Turquía, y, otra vez, en América.

La pa­sión por los viajes proporcionóle nuevos temas e inspiraciones para interesantes re­latos (Cartas de viaje [Listy z podrózy]) y numerosos cuentos, entre los cuales figura El torrero (v.), posiblemente el texto más bello de su género de toda la literatura po­laca. Sin embargo, en el curso de la evo­lución de su talento de escritor, y aun cuan­do hubiera iniciado su actividad bajo ten­dencias positivistas, Sienkiewicz sintióse cansado del mundo de la pequeña burguesía, y, así, buscó a sus héroes en el conjunto de las grandes figuras históricas del pasado de su patria; ello dio lugar a la trilogía A sangre y fuego, El diluvio y El señor Wolodyjowski (v.), y a Los cruzados (v.), obras junto a las cuales aparecieron dos novelas de ar­gumento moderno: Sin dogma (v.) y La familia Polaniecki [Rodzina Polanieckich]. En 1894 publicó Quo vadis? (v.), texto que le valió una celebridad mundial.

En 1905 recibió el premio Nobel de Literatura. Pos­teriormente dio todavía a la luz otra novela histórica, aun cuando de menor valor: So­bre él campo de la gloria [Na polu chwaly]. Obra muy bella es, en cambio, Por desier­tos y bosques [Wpustyni i puszczy]. Aun entregado a toda esta actividad literaria, de la cual sólo hemos mencionado las prin­cipales etapas, Sienkiewicz trabajó ardientemente en favor de su patria. Aprovechó su notoriedad para protestar y reunir adhesiones en todo el mundo contra los acontecimientos de Wrzesnia y las expropiaciones prusianas; propagó también la causa de Polonia al principio de la primera Guerra Mundial. La muerte sorprendióle en Suiza al tercer año del conflicto y en la fervorosa plenitud de su esfuerzo en organizar la ayuda y socorro a los combatientes polacos.

M. Bersano Begey