Henri Murger

Nació en París el 24 de marzo de 1822 y murió en la misma capital el 28 de enero de 1861. Hijo de un portero sastre, Murger se había encaminado, mediante el estudio, por la vía de las letras. Como era pobre, hubo de buscar trabajo, que encontró en la embajada rusa en París, donde el conde P. A. Tolstoi, que era agregado cultural de la misma, lo tomó como secretario. Junto a él permaneció hasta 1848. Al perder entonces a sus padres, abandonó el mísero empleo para dedicarse de lleno al trabajo literario; instalado en una buhardilla he­lada y gris hizo entonces el aprendizaje de aquella «vida bohemia» a la que debía que­dar vinculada su fama. Escribía Murger versos desde su adolescencia; más tarde, Arsène Houssaye le invitó a colaborar en el diario L’Artiste.

Sus Escenas de la vida bohemia (1848, v.) dieron a conocer su nombre, que alcanzó mayor popularidad a través de su reducción, realizada en colaboración con Théodore Barrière, como texto de una re­vista que fue estrenada en el teatro de Va­riétés durante una alegre velada a la que asistieron Luis Bonaparte y Théophile Gau­tier. Murger pudo entonces colaborar en varios periódicos, sin que mejorara por ello mucho su situación económica. A su primera obra, la única durable, siguieron algunas otras novelas, entre las cuales Le pays latin (1851) y Les buveurs d’eau (1855) y algunas colec­ciones de poesías, como Ballades et Fantaisies (1854) y Nuits d’hiver, que se publicó postuma en 1861. Murger murió antes de haber cumplido cuarenta años. Ha pasado un si­glo, y si su figura se confunde todavía con la de Rodolfo (v.) es porque cualquiera de nosotros puede encontrar algún perdido re­cuerdo de sí mismo en las «escenas» en que el poeta se había reflejado de un modo sencillo y quizá desesperado.

G. Veronesi