Heinrich Wilhelm von Gerstenberg

Nació el 3 de enero de 1737 en Tondern, en el Schleswig; murió el 1.° de noviembre de 1823 en Altona. Hijo de un oficial del ejército danés, asistió al Instituto de Altona y des­pués, mediante la ayuda económica de sus tías, pudo ir a la Universidad de Jena. Du­rante los años universitarios escribió su primer libro de poesías anacreónticas, Pasa­tiempos (Tändeleien, 1759), que fue elogiado incluso por Lessing en sus Cartas sobre la literatura contemporánea (v.).

No terminó los estudios y regresó a su patria, donde en 1760 entró en el ejército danés como ofi­cial. En 1761 empezó a colaborar en la re­vista Der Hypochondrist, que se publicaba en el Holstein, y acabó por convertirse en su único redactor. Se casó en 1765 con una compatriota de distinguida familia burgue­sa, y se estableció en Copenhague, donde mantuvo vivo contacto con los literatos ale­manes que allí estaban, Klopstock, I. H. Schlegel, etc. Aquellos fueron los años más fecundos de nuestro autor: poesías, cantatas y el drama Ugolino (v.), que lo hizo famoso. No fue un gran escritor, pero supo ser el eco de los motivos de mayor actualidad en la literatura de su tiempo.

En 1771 se des­pidió definitivamente de la milicia, pero no consiguió vivir de las letras; más tarde, fue miembro de una delegación comercial ale­mana en Dinamarca, y en 1775 cónsul de Dinamarca en Lübeck. Se veía agobiado por las deudas, tenía siete hijos y enferma la mujer, que murió en 1785. Pero gozaba de mucha autoridad en el mundo de las letras y le visitaban los poetas de la «Hainbund» de Gotinga. En 1786 se trasladó a Altona, y tres años después fue nombrado codirector de la lotería; se volvió a casar con la hija de un comerciante inglés arruinado, la cual trabajaba de dibujante de tejidos en Hamburgo. A medida que los hijos se iban casando pudo gozar de una cierta tranqui­lidad, y dedicó los últimos años al estudio más que a la poesía: se sintió especialmente rejuvenecido al ponerse en contacto con la filosofía de Kant; pero para la literatura puede decirse que había muerto.

V. M. Villa