Gotthold Ephraim Lessing

Nació en Kamenz (Lusacia) el 22 de enero de 1729 y murió en Brunswick el 15 de febrero de 1781. Fue hijo de una familia de pastores protes­tantes, y estudió primero Teología y luego Medicina y Ciencias naturales en la Uni­versidad de Leipzig, donde inició sus con­tactos con el teatro. Allí también Carolina Neuber puso en escena, en 1748, su primera obra cómica, El joven docto [Der junge Gelehrte], sátira de la pedantería todavía muy próxima a la «comedia sajona», ten­dente, como la producción de Molière, a la caracterización de tipos humanos concretos. A ella siguieron, en 1749, El librepensador [Der Freigeist] y Los hebreos [Die Juden]; esta última comedia anticipaba el tema, luego refundido y desarrollado con otra profundidad en Natán el sabio (v.), y, junto con la otra, señalaba en el autor el paso a una mentalidad abierta y emancipada, hos­til a cualesquier intolerancia y prejuicio de clase, nacionalidad o religión. Fracasada mientras tanto la empresa teatral de Neuber, y hundidas también, con ella, las ilusiones de Lessing, éste, inquieto, además, por la insis­tencia de los acreedores, había marchado a Berlín en 1748 con la esperanza de atraer­se allí la atención y posiblemente el apoyo de Federico el Grande; sin embargo, las cosas no ocurrieron de tal forma, en parte por el enfriamiento de las relaciones que entablara con Voltaire, entonces huésped del monarca.

A pesar de ello, la influencia del escritor francés, unida a la de amigos como Sulzer, Mendelssohn, Nicolai, etc., no dejó de percibirse en Lessing, quien formóse progresivamente en el racionalismo de la Ilustración y en las ideas de la tolerancia y la libertad de pensamiento, y, también, según el ejemplo de Voltaire, decidió re­nunciar a la actividad académica para dedi­carse únicamente a la de escritor y perio­dista, lo cual le permitió iniciar la labor sistemática de aclaración de las ideas, el sentimiento y el estilo que constituye su mérito principal. Vuelto en 1755 a Leipzig y entregado en particular a los problemas del teatro (lo atestigua su revista Theatralische Bibliothek, 1754-58), ofreció con Sara Sampson (1755, v.) a su público el primer drama patético burgués en prosa, inspirado en el modelo inglés de Lillo y en la «comédie lar­moyante»» y Diderot; poco después, la tra­gedia en un acto y asimismo en prosa Philotas (1759), derivadas de Sófocles y elevada al plano moral de la voluntad heroica (la valerosa muerte de su amigo Ewald von Kleist había conmovido intensamente a Lessing). y el fragmento de Faust (1758-59, v.), de sabor shakespeariano y publicado en la décimoseptima Literaturbrief, atestiguaron la inquieta y casi faustiana búsqueda y la rápida y también contradictoria evolución del espíritu de nuestro autor. A tales ejem­plos de un problema sólo teórico siguió su empresa crítica más importante: las Cartas sobre la literatura contemporánea (v.), dadas a la luz de 1759 a 1765 por F. Nicolai y con la colaboración de Abbt, Suzer, etc.

Consti­tuyen éstas una audaz e innovadora crítica de las aficiones y teorías literarias contem­poráneas, o sea del sentimentalismo religioso de Klopstock tanto como de las elegantes fantasías de Wieland, y singularmente (en la famosa carta décimoseptima) del teatro francés y la vieja reforma de Gottsched (que, sin embargo, elogiara en la revista Bey trägeur Historie und Aufnahme des Theaters, 1750); defienden, por el contrario, la escena inglesa y, sobre todo, la produc­ción de Shakespeare, cuyo arte juzga Lessing más adecuado a los alemanes que el de Corneille y Racine. En 1766 nuestro autor (quien de 1760 a 1764 había interrumpido su actividad propia a causa de su tras­lado a Breslau como secretario del general Tauentzien) publicó la primera parte de una obra teóricamente equivocada, pero de una gran importancia cultural: Laocoonte (v.), en la que, en algunas cosas de acuerdo con Winckelman y en otras no, intentó llevar a cabo, en oposición al tradicional concepto de la afinidad esencial de poesía y pintura, adaptado nuevamente por los poetas suizos, una distinción entre el arte plástico y el poético. El año siguiente marchó a Hamburgo, llamado por el nuevo Teatro Nacional, primeramente en calidad de consejero y luego como crítico.

Los juicios acerca de las diversas obras representadas (ciento cuatro) integran la Dramaturgia hambur­guesa (1767-69, v.). Tal antología continúa la obra iniciada por las Literaturbrief; es, por ende, una ulterior y viva aportación — aun cuando teóricamente mantenida bajo el signo de Aristóteles y fundada en la recta interpretación de su famoso concepto de la tragedia — a la liberación del teatro alemán de la influencia francesa, en lugar del cual coloca Lessing a Shakespeare, aun cuando enten­dido no como genio original, según afirma la crítica inglesa desde Poe hasta Young, sino, por el contrario, admirado como poeta más íntimamente conforme al pensamiento aristotélico, y, en consecuencia, más clásico que un Corneille. A pesar de tales limita­ciones, la Dramaturgia, por su claridad in­terna y su estilo admirablemente animado, ocupa una posición de primer plano en la crítica alemana de todos los tiempos. Los textos en cuestión se vieron acompañados por obras teatrales con las que Lessing pretendió casi demostrar, como lo hiciera ya con Sara Simpson, sus teorías estéticas.

Aparecieron, así, Minna de Bamhelm (1767, aun cuando escrita en 1763; v.), que, por la actualidad de su tema y la verdad y el conjunto de los caracteres (en el mayor Tellheim revive el poeta soldado Ewald von Kleist) supera definitivamente la comedia sentimental de tipo gellertiano y resulta verdaderamente bur­guesa, y Emilia Galotti (1772, v.), la obra técnicamente mejor de Lessing y modelo de la nueva tragedia alemana; ambos textos fue­ron muy apreciados por Goethe. Los últimos años de la existencia del autor, en los cuales tuvo efecto una reanudación de su actividad erudita, que coincidió con su nombramiento de bibliotecario del duque de Brunswick en Wolfenbüttel (1770), se vieron amargados por dolorosas pruebas (su esposa, Eva Kö­nig, falleció de parto junto con el hijo en 1778, transcurridos apenas dos años de matrimonio), las cuales, empero, no doble­garon su fuerte espíritu. A esta época per­tenece la polémica teológica sostenida con el pastor Melchor Goeze, provocada por los Fragmentos de un anónimo [Fragmente eines Ungenannten], de 1774 y 1777, y con­tinuada en Anti Goeze (1778, v.) en nombre de un cristianismo racional y tolerante.

For­zado al silencio por la intervención de la censura, Lessing llevó la lucha por el estableci­miento de una religión universal y humani­taria al ámbito artístico, y publicó en 1779 Natán el sabio, verdadero poema dramático en pentapodías yámbicas (inspirado en la parábola de los tres anillos, de Boccaccio) que, por el calor de su sentimiento y una participación del autor tan intensa que llega a descubrir el fondo más íntimo de su hu­manidad, es la obra maestra de su teatro. Un espíritu y una ideología idénticos se dan en los últimos textos, singularmente en los cien parágrafos de la Educación del género humano (1780, v.), en la que, partiendo de la Ilustración, Lessing alcanza un idealismo metafísico que va más allá de su tiempo y anuncia ya la época moderna.

S. Lupi