Giovanni Papini

Nació en Florencia el 9 de enero de 1881, murió en la misma ciudad el 8 de julio de 1956. Hijo de un modesto comerciante de muebles en Borgo degli Albizi, él mismo narró su triste y penosa ju­ventud en el famoso libro Un uomo finito (1913). No contó, sin embargo, toda su pri­mera actividad literaria infantil que se des­ahogaba en diarios y revistas manuscritas, en novelas de aventuras al estilo de Verne y Poe, en colaboración con un compañero menor que él, Ettore Allodoli. Ya en aque­llas primeras tentativas se advertía un sin­gular autodidactismo, increíble en un mu­chacho. Infatigable lector de libros de todo género, asiduo asistente a las bibliotecas públicas, pudo satisfacer su insaciable sed de conocimientos. Después de las escuelas elementales, estudió en las técnicas y más tarde en las normales (correspondientes a las del magisterio de ahora) y obtuvo un diploma de maestro del que no se sirvió.

Era un joven pálido, que parecía agotado por un esfuerzo precoz, enfermizo, enteco, pensativo, casto y, sin embargo, advertido de todas las malicias de los hombres, bueno y afectuoso con los amigos; pero pronto a arremeter contra todos aquellos que le ata­caban, fueran adversarios temibles o inofen­sivos. Se reveló, y se impuso, cuando te­nía poco más de veinte años, en el período que se inicia en 1903: en enero de aquel año aparecía el primer número de Leo­nardo, al que siguieron La voce (hasta ¿908), L’anima (1911), Lacerba (1913), re­vistas de las que fue fundador, director, inspirador o uno de los principales cola­boradores. Fue también redactor-jefe de Regno, diario nacionalista florentino fun­dado por Enrico Corradini. Antes de la gue­rra de 1915 había publicado ya algunas de sus obras más conocidas. Fue decidido par­tidario de la intervención contra los Impe­rios centrales; pero la experiencia realizada por hombres de todo el mundo en aquella guerra se reflejó en el ánimo de Papías, que se mostró ávido de absoluto y de certezas inmutables: así surgió la Historia de Cristo (1921, v.).

Aquella conversión suya levantó gran clamor, aunque en sus obras anterio­res, pese a las formas paradójicas y casi anárquicas, apareciera de vez en cuando una secreta aspiración hacia las alturas. A partir de 1921 atraviesa un período de pro­ducción polémica, erudita, narrativa; pero ya se había manifestado también como poe­ta con Cento pagine di poesia (1915) y Opera prima (1917). Hay que recordar tam­bién el Dizionario dell’omo salvatico (1923), del que tan sólo apareció el primer volu­men (A-B); San Agustín (1930, v.), Gog (1931, v.) Dante vivo (1933, v.), Grandezze di Carducci (1935), Storia della letteratura italiana (1937), de la que sólo apareció el primer volumen, más bien obra de arte que de crítica, pero basada en una seria preparación historiográfica. En 1939 fue nombrado académico de Italia; promovió notables instituciones de cultura, como el Centro Nacional de Estudios sobre el Renacimiento con sede en Florencia, dirigiendo la revista del instituto, La Rinascita. Acos­tumbró durante muchos años a pasar la es­tación veraniega en su casa-retiro de Bulciano en Val Tiberina, lugar nativo de su fiel y buena consorte; paisaje áspero y sel­vático; pero que le proporcionaba paz y alivio en su multiforme y a veces dema­siada intensa actividad. De 1940 es la reco­pilación de prosas Figure umane. Durante la última guerra hubo de padecer la des­trucción de su casa de Bulciano debida a operaciones militares; pero reanudó su tra­bajo en la casa florentina de vía Guerrazzi, número 10.

Son de este último período las Lettre di Papa Celestino VI (1946), un pon­tífice imaginario, mediante el cual preten­día Papías lanzar a los hombres un mensaje de paz y de fraternidad; la Vita di Michelangiolo (1949), obra en la que se ocupaba desde muchos años atrás y que constituía un homenaje a Buonarroti, objeto siempre de intensa admiración por parte de Papías; II Diavolo (1953), que tantas polémicas y discusiones suscitó, seguido, en 1955, de Spia del mondo, recopilación de pensamientos varios, notas de poesía, de experiencia, filo­sofía, fe, política, historia: título sugerido por un verso de El rey Lear de Shakes­peare. En 1951 publicaba el Libro ñero, llamado así por el autor porque contenía páginas sobre «una de las más negras épo­cas de la historia humana». Otras coleccio­nes de ensayos y recuerdos autobiográficos son Passato remoto (1948) y La loggia dei busti (1955). Atacado en los últimos años por una extraña y terrible enfermedad que le privó del uso de casi todos los sentidos, en tanto que el cerebro se mantenía activo y lúcido, continuó escribiendo, y dictaba a su nieta Anna Paszkowski, con enorme esfuerzo material, pero no moral.

En estas tristísimas condiciones publicaba en la ter­cera página del Corriere della Sera aque­llas impresiones tituladas Schegge. Una cruel pérdida había sufrido con la muerte de su hija menor, Gioconda, cantada por él cuando era niña en una apasionada poe­sía. Su muerte, después de tantos estragos físicos, produjo desconsuelo en todas par­tes. La obra papiniana ha tenido tal reso­nancia y divulgación, que pocos escritores italianos modernos han sido tan traducidos y conocidos en el extranjero. (Ciento cin­cuenta traducciones en diversidad de len­guas, entre ellas el árabe, el japonés, el chino, el lituano, el maltés y el yiddisch.) Póstumo ha aparecido el volumen La feli­cita dell’infelice (1956), que comprende des­de los comienzos de 1955 hasta su muerte, e incluye algunos schegge no publicados en el Corriere della Sera, hasta la última, in­completa, Fuoco e neve. Papías fue un anima­dor de los movimientos literarios y del pensamiento que han tenido importancia en la historia italiana de la primera parte del siglo XX, y también un gran maestro de la prosa italiana; ejemplo, además, de te­naz e increíble resistencia a la desgracia. Poco antes de su fin decía de sí: «Yo mue­ro un poco cada día, según el módulo ho­meopático, pero espero que Dios me con­cederá la gracia, a pesar de mis errores, de alcanzar la última jornada con el ánimo entero». Esperanza que se realizó de un modo pleno.

E. Allodoli