Georges Ohnet

Nació en París el 3 de abril de 1848, murió en la misma capital el 5 de mayo de 1918. Es uno de los más fecun­dos novelistas franceses del siglo XIX. Ini­ció su carrera como periodista; en 1870 era director de Pays y, posteriormente de Constitutionnel. Su paso a la literatura narra­tiva ocurrió en 1877, cuando Ohnet inició, en periódicos y diarios de su época, entre otros la Revue de Deux Mondes, el ciclo titulado Batailles de la vie, denominación indicadora del tema fundamental y típico de sus no­velas: el contraste entre la aristocracia con­servadora y encerrada en sus prejuicios de casta, y el vigoroso, aunque tosco, impulso de la burguesía mercantil e industrial y, aun, intelectual. La antítesis, sin embargo, tiende en Ohnet a moderarse y resolverse so­bre la base de un sentimentalismo y un idealismo humanitario que lo vinculan a la última Sand y le asignan un puesto dis­creto en relación con las posiciones extre­mas de la novela realista. Por esta razón también Ohnet fue el novelista más estimado y representativo de la burguesía media francesa.

Entre las más conocidas novelas del ciclo: Serge Panine (1881), Felipe Derblay (1882, v.), La comtesse Sarah (1883), Lise Fleuron (1884), La grande marnière (1885), Le docteur Ramean (1888), Le curé de Faviéres (1891), Un brasseur d’affaires (1901). Ohnet intentó también, y con éxito, el teatro con dos dramas, Regina Sarpi (1875) y Marthe (1877) y con la adaptación al tea­tro de muchas novelas suyas, entre las cua­les, muy afortunada, la de Felipe Derblay (1883). En sus últimos años inició un nue­vo ciclo de carácter histórico con el título La légende et l’histoire: La serre de l’aiole, Le partisan, Pour tuer Bonaparte (1911). Es interesante el Journal d’un bourgeois de Paris pendant la guerre de 1914, publicado poco antes de su muerte. Con las virtudes y los defectos inherentes a los novelistas de inventiva fácil fue Ohnet vivamente hosti­lizado por la crítica académica y de gus­tos refinados: es famoso el feroz ataque que le dirigió Lemaitre en 1883.

M. Pasquali