Fukuzawa Yukichi

Nació en Osaka en 1834 y murió en Tokio en 1901. Su padre, Fukuzawa Momosuke, era un modesto «samurai» (vasallo guerrero) de los Okudaira, feuda­tarios de Nakatsu (isla de Kyūshū) y hom­bre de elevada cultura.

A su muerte (1836), el hijo trasladóse, con toda su familia, de Osaka a Nakatsu, donde no tardó en sen­tirse a disgusto en el ambiente/del país, de­masiado cerrado y sofocante para él. A los catorce años, y aun cuando no dejara de ayudar a su madre en los quehaceres do­mésticos, pudo frecuentar la escuela de Shiraishi Shozan (1815-83), sinólogo local, y al cabo de poco tiempo, favorecido por su bien provista biblioteca, superó a sus compañe­ros de estudio.

A los veinte años marchó a Nagasaki a estudiar balística y holandés, única lengua occidental entonces conocida en el Japón. Prosiguió luego sus estudios en Osaka, donde vivía su hermano mayor; allí frecuentó la escuela de Medicina diri­gida por Ogata Koan (1810-63). A la muer­te de su hermano (1856), hubo de sucederle en la dirección de la familia y volver a Nakatsu. No obstante, incapaz de seguir so­portando un ambiente donde los estudios occidentales eran considerados cultura de bárbaros, volvió junto a Koan.

En 1858, cuando el «daimyō» de Nakatsu resolvió establecer en Yedo una escuela de cultura holandesa, fue llamado allí como profesor: tal es el origen de la famosa Universidad de Keiogikuju, por él fundada y todavía una de las mejores, donde, antes que el nuevo Gobierno imperial se ocupara de la instrucción, formó en la cultura moderna a una serie de valiosos discípulos que luego habrían de guiar al Japón en su prodigioso desarrollo.

Nuestro autor fue uno de los primeros japoneses que estudiaron inglés. En 1860 formó parte de una misión hacia América y al regreso trajo consigo el dic­cionario de Webster, que los estudiosos con­sideraron un verdadero tesoro. Luego entró al servicio del Gobierno imperial como tra­ductor y participó en dos misiones enviadas a Europa en 1861 y 1867.

Tras la restaura­ción de Meiji (1868) se le invitó a formar parte del gobierno; sin embargo, prefirió la actividad didáctica a la política y escri­bió numerosas obras educativas destinadas a elevar y modernizar el nivel cultural del país. Uno de sus textos, Consejos para los estudios [Gakumon no ausume, 1872-76], alcanzó una extraordinaria difusión.

Para mejor derribar el sistema feudal, introdujo en el Japón el utilitarismo de Bentham y Stuart Mili y predicó a la juventud el prin­cipio de la independencia económica del individuo y el respeto propio. En 1882 fundó el periódico Jiji shimpo, cuyos artículos de fondo no tardaron en conquistar el favor del público. El estilo de sus textos, fácil y asequible a todo el mundo, facilitó conside­rablemente su difusión.

Aun prescindiendo de los ensayos y los artículos periodísticos,l as obras de nuestro autor ascienden a se­senta. Entre las más notable cabe citar He­chos de los países occidentales (v. SeiyōJijō, 1866-69), Nociones generales sobre las opiniones de la civilización [Bummeiron no gairyaku, 1875] y Cien discursos del vie­jo Fukuzawa [Fukuo hyakuwka, 1897].

Y. Kawamura