Friedrich Leopold von Hardenberg Novalis

Llamado Novalis del nombre de una posesión familiar, nació en 1772 en Oberwiederstedt, en el condado de» Mansfeld, y murió el 25 de marzo de 1801 en Weissenfels. Pasó la infancia en el severo círculo de una nobleza que conservaba todavía viva la tradición pietista. En 1790 se matriculó en las facultades de Filosofía y de Leyes de la Universidad de Jena, donde encontró en Schiller a su primer maestro; menos provechoso fue su encuentro con Goethe. Habiéndose trasladado a Leipzig, se apasionó por las ciencias naturales que lo iniciaron en aquellos secretos de lo creado que tanto inspiraron su poesía, y trabó amistad con F. Schlegel: el concepto romántico de la totalidad del espíritu favoreció el desarrollo de aquella unidad interior y armónica, que en él significaba ante todo soldadura entre realidad y trascendencia. Lejos de re­belarse por ello contra la tierra y contra la vida, de rechazar actividades prácticas como otros románticos, Novalis se licenció en Leyes en 1794 y se empleó primero en Tennstädt y después en las salinas de Weissenfels, donde en 1799 obtuvo el título de regidor.

En el mismo 1794 conoció a Sophie von Kühn, una muchacha de doce años, que murió tres años después, y su recuerdo fue el centro de su vida ideal. Esta muerte suscitó, en efecto, no sólo el deseo, sino también el profundo convencimiento de po­der alcanzar a la amada en aquel mundo que es sólo proyección, continuación del terrenal, mediante los caminos interiores que abre el poder del espíritu. De tal estado de ánimo nacieron en 1797 los Himnos a la noche (v.), publicados en la revista Athe­näum en 1800, en los que, en una prosa rítmica inspirada en los Paramythien de J. G. Herder, la noche, identificada con el misterio de la muerte según el ejemplo dado por E. Young, es exaltada como símbolo de la verdadera vida: contraposición del cristianismo, como religión espiritual de su­peración de la muerte, a la religiosidad solar y material de los antiguos y promesa del advenimiento de una nueva edad na­cida del seno de la sagrada noche. La doc­trina de la redención aparece estrechamente unida al pensamiento de Schleiermacher, al misticismo de J. Böhme y a la filosofía de la naturaleza; aparece superada la religio­sidad del clasicismo de Weimar y también de Hölderlin.

Tal posición de pensamiento y de ánimo recibió nuevas orientacio­nes de Schelling, del filósofo holandés F. Hemsterhuis y especialmente de los físicos A. G. Werner y J. W. Ritter, cuyas leccio­nes oyó Nació en Freiberg, donde (1797-99) estudió ciencias mineralógicas: el renovado y apasionado interés por el conocimiento de las ciencias de la naturaleza y del espí­ritu, y también el nuevo amor por Julie von Charpentier, triunfaron sobre la nostal­gia de la muerte. La novela, que quedó incompleta, Los discípulos de Sais (1798, v.), expresa en un lenguaje tiernamente simbólico que renueva el género de la fá­bula de arte, la nueva concepción «mágica» de la naturaleza, en tanto que la primera antología de Fragmentos (v.), publicados en 1798 en el Athenäum con el título Blutens­taub reúne — testimonio de una extra­ordinaria universalidad de gustos — sus pen­samientos, a veces geniales, sobre todo poéticos, sobre religión, poesía, filosofía, na­turaleza, música, lenguaje, política. También el amor a la Edad Media, inspirado en la visión de Schleiermacher de una única y universal fe cristiana que reúna a todos los pueblos europeos (origen primordial de una concepción europeísta) encuentra su origi­nal (y polémica: contra F. Schlegel) ex­presión en el trabajo Cristianismo o Euro­pa [Die Christenheit oder Europa, 1799; destinado al Athenäum no fue publicado en él; apareció por primera vez en 1826] : contraposición de la sublimidad del catoli­cismo medieval a la pobreza tiránica del luteranismo, iniciación del ateo y antipoético movimiento de la Ilustración.

También los Geistliche Lieder de 1799 (v. Himnos sacros), expresan este ideal de una religión sencilla y superindividual, hecha de devo­ción y de amor, como es — sobre todo, como fue —profesada por el pueblo humil­de. Pero la coronación de este puro y pro­fundo espíritu religioso, vivido en el marco de la Edad Media, es la novela que quedó incompleta, Enrique de Ofterdingen (1799- 1801, v.), publicada en 1802 con una nota de Tieck. Es sustancialmente una autobio­grafía, paradigma de la esencia del autén­tico poeta romántico, contrapuesto al Wil­helm Meister de Goethe: celebración de la «mágica» unidad entre el mundo visible y el invisible mediante una poesía restituida a su originaria naturaleza, simbolizada por la «flor azul». La breve vida de este poeta pasó como un meteoro por el firmamento literario romántico; pero Novalis supo mejor que nadie profundizar y caracterizar la esencia y las aspiraciones del Romanticismo.

S. Lupi