Frederic Soler

(Serafí Pitarra). Autor dramático catalán. Nació en Barcelona en 1838 y murió en la misma ciudad en 1895. Oficial de una relojería establecida en la calle de Escudillers, pasó al cabo de pocos años a ser su propietario y la regentó hasta 1880. La pequeña tienda de Soler fue durante muchos años el lugar de reunión de escritores y artistas, pertenecientes todos a la pequeña burguesía barcelonesa. Soler se inició en la literatura con poesías humorísticas de evi­dente vulgaridad, tanto por los temas tra­tados como por su lenguaje. En 1872 obtiene su primer éxito en los Juegos Florales con una composición de este carácter. Pero muy pronto fue el teatro su pasión dominante. La guerra de África (1859-1860) inspiróle el primer ensayo de una comedia bufa titulada La botifarra de la llibertat, que fue estre­nada con gran éxito en una sociedad fami­liar.

Poco después presentó en el teatro Odeón el drama La campana de l’Almudaina, cuyo éxito le llevó a escribir la zarzuela paródica l’esquella de la Torratxa con música del maestro Sariols, y que cons­tituyó un éxito rotundo de público. Por aquella época Soler y el músico Sariols funda­ron en el mismo Odeón una sociedad lla­mada «La Gata», y allí, con el nombre de «gatades» fue representada una larga serie de piezas humorísticas de Soler; obras intrascendentes, escritas en el «catalán que ahora se habla» (es decir, en una jerga que acen­tuaba aún la corrupción a que había llegado la lengua en la ciudad), fueron firmadas por Soler con el seudónimo de Serafí Pitarra. Como modelo del género ha quedado El castell deis Tres Dragons. Al mismo tiempo Soler colaboraba bajo diversos seudónimos en los semanarios y revistas en catalán que se publicaban en Barcelona.

El éxito logrado por Vidal i Valenciano en 1865 con una obra seria, instiga a nuestro autor a escribir dramas romántico-sentimentales: el pri­mero de la nueva serie, Las joyas de Rosario (v.), fue acogido clamorosamente y ha per­durado en las carteleras durante más de medio siglo. En 1867 la sociedad «La Gata» tomó el nombre de «Teatre Catalá» y se trasladó al teatro Romea, del cual puede decirse que Soler fue el autor y empresario exclusivo durante veinticinco años. Su pro­ducción comprende más de cien títulos, y a sus resonantes éxitos contribuyó sin duda el mérito personal de los actores altamente dotados que florecieron en Barcelona por aquella época. Entre las obras más conocidas y celebradas de Soler citaremos, además de Les joies de la Roser: Lo rector de Vallfogona, Batalla de reinas (v.), Lo comte Arnau (v.), La nodriza (v.) y, por encima de todas, El maestro herrero (v.), A pesar de la debilidad artística psicológica, y de la impureza del lenguaje que ofrece este teatro, no hay duda que Soler logró interesar con él al gran público en obras escritas en catalán, y así preparó el advenimiento de Angel Guimerá, que es el verdadero creador de la escena catalana moderna.

J. Oliver